Miércoles 12 de Septiembre de 2012 - 12:01 AM

Optimista, pero realista

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Columnista: Omar Rangel

Aunque en octubre comienzan los diálogos de paz con las Farc y me uno a aquellos que son optimistas acerca de lo que pueda resultar de estas negociaciones, hacer la paz en Colombia no va a ser fácil. No se trata de no reconocer que hasta ahora el Gobierno lo ha hecho bien adelantando con prudencia la fase exploratoria, concretando una agenda realista y nombrando un equipo negociador de lujo; se trata tan sólo de hacer énfasis en uno de los puntos críticos de una negociación que si bien arranca mucho mejor que como empezó la del Caguán tiene que superar aún muchos escollos.

Ese punto crítico, tal vez el más delicado, son las mentiras de las Farc. Hace años la sociedad colombiana no cree que la lucha de las Farc sea puro altruismo en el nombre del pueblo, por eso molesta que insistan en hacernos creer que su participación en el negocio de la droga es circunstancial y no estratégica. Del igual modo, no se espera que los comandantes de la organización guerrillera estén exentos de culpa, pero sí que por lo menos sean menos soberbios en sus intervenciones públicas. Si a cada reclamo de las víctimas del secuestro y de otras tantas prácticas criminales o a cada pregunta por el narcotráfico los negociadores de las Farc van a responder con el desdén y la arrogancia de hace unos días, las cosas no van por buen camino.

Esperemos que la guerrilla haya entendido que su lucha revolucionaria acabó empobreciendo aún más a las regiones y clases sociales que debía beneficiar en principio, que las circunstancias están dadas para hacer un mejor papel en la defensa de los derechos sociales dentro del marco constitucional y democrático que fuera de él. Dejar de secuestrar y sentarse a negociar es un buen comienzo, ya veremos si las Farc refuerzan la confianza de la sociedad civil en este proceso de paz  hablando con la verdad. Como dicen por ahí: optimista, pero realista.

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Autor: Omar Rangel
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