Miércoles 08 de Agosto de 2012 - 12:01 AM

Menos improvisación y menos polémica

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Columnista: Omar Rangel

La administración de Gustavo Petro en Bogotá ha quedado reducida a sus justas proporciones. Aunque es prematuro evaluar una gestión de siete meses, la mayoría de los capitalinos están preocupados debido a que identifican a su alcalde como un administrador arrogante con poca capacidad de ejecución, más preocupado por promover la polémica nacional que por atender las urgencias locales y, sobre todo, sin un modelo de ciudad concreto. Las promesas de cambio de Petro se diluyen y la oposición se consolida sacando provecho de cada una de sus salidas en falso.

A Petro le llueven las críticas, en entrevista publicada en El Tiempo, Gina Parody señaló: “Petro demostró que era un muy buen opositor, pero a la hora de gobernar resultó un improvisador”. En su opinión, frente a problemas como el de la movilidad en Bogotá las respuestas son de corto, mediano y largo plazo; por lo que el alcalde tiene que decidirse por el fortalecimiento de Transmilenio, la construcción del metro pesado y las autopistas urbanas. Para la excandidata lo que Petro pretende con la construcción del tranvía por la séptima, es cortar la cinta durante su mandato, o mejor dicho traducir la obra en réditos electorales y no tomar la mejor decisión posible para la capital.

Por otra parte, su reciente idea de crear centros de rehabilitación para controlar la drogadicción y bajar la criminalidad también fue duramente criticada. El problema en este caso es que Petro no sólo improvisa sino que se sale de su órbita con propuestas polémicas. Como lo manifestó el exalcalde Jaime Castro en la FM, “el alcalde Petro, en la medida en que no puede presentar resultados en la ciudad como jefe de la administración Distrital, decide metérsele a los temas nacionales”. Pareciera entonces que Petro no tiene clara la idea de la Bogotá que quiere por lo que recurre una y otra vez al debate nacional.

Gustavo Petro está del otro lado de la barrera, el alcalde comprende ahora que las movidas políticas son el día a día en el ejercicio del poder y que los resultados son lo único que cuenta. Atrás quedaron las épocas en las que como opositor le bastaba con denunciar, ser controversial y darle efervescencia al discurso, hoy el alcalde de los capitalinos tiene que administrar con pragmatismo, menos improvisación y menos polémica, para concretar un modelo de ciudad y sacar adelante a Bogotá.

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Autor: Omar Rangel
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