Lunes 09 de Julio de 2012 - 12:01 AM

¿Qué hacemos con la historia?

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Columnista: Orlando Pinilla Prada

Armar un artículo en verdad no es tan difícil, lo complicado y mucho, es escoger el tema. Los hay que no pasan de moda y se repiten todos los días, como sobre Simón Bolívar, Santander, Vicente Azuero, etc.; a quienes pintan como verdaderos santos, sabios, simpáticos, generosos, llenos de claridad, plenos de virtudes y sin defectos. La realidad es otra: llenos de prestigio y líderes de la comunidad, inteligentes, ejecutivos sí, pero personalmente considerados, no eran ejemplo de cariño, bondad y generosidad, eran crueles y en verdad dictadores. Iniciamos nuestra historia patria desconociendo hechos reales, por ejemplo: Charalá fue el pueblo que más muertos aportó a nuestra independencia; atajó al jefe español Fominaya que iba en busca de Bolívar, de quien se sabía que estaba en el Páramo de Pisba y se hallaba en dificultades mil. Trescientos muertos demoraron al español y cuando llegó ya el Padre de la Patria había vencido y triunfado en el Pantano de Vargas y en el Puente de Boyacá. Después vienen las dificultades muchas por el poder entre Bolívar y Santander; luego el rifi-rafe entre los dos próceres por lo de las ocañeras Ibañes, que afectó mucho nuestra historia patria. Aparece el General Cipriano de Mosquera que llenó casi 50 años de nuestra vida política, se peleó con todo el mundo y murió en sana paz. A propósito de sus últimos días se nos cuenta que se mantuvo reacio a morir en su fe y que ya adportas se confesó y comulgó, el cura que lo asistía salió emocionado a contar la historia y el General Santos Acosta dijo: “con tal de que se muera, aunque se salve”.


A finales del siglo XVIII apareció el más hábil político de nuestra historia, el Dr. Rafael Núñez, quien mandó como se le dio la gana y murió tranquilo en la finca de Doña Soledad Román. Continúa la historia el General Reyes que fue rey supremo durante casi diez años y abandonó el poder viajando a Europa. El resto de la historia, en otra ocasión.

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Autor: Orlando Pinilla Prada
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