Lunes 16 de Julio de 2012 - 12:01 AM

¿Qué hacemos con mi pueblo?

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Columnista: Orlando Pinilla Prada

Con mucho amor, pleno de humor y buena pluma, todos hablan de su pueblo, al que pintan tranquilo y lleno de encantos y lucidez; quizá no sea verdad tanta belleza. En general se trata de pueblos pequeños y pobres en historia. Vélez es la excepción, la tiene y muy interesante, desafortunadamente poco conocida y casi olvidada.


Cuando yo nací, mi pueblo eran cuatro calles y cuatro carreras; en verdad eran lotes para llenar y los ocuparon en ese entonces con casas muy mal hechas y muy feas, sin agua, ni luz, ni alcantarillado, pero pleno de gentes de nacionalidades mil y abundante dinero en circulación. En 1924 el gobierno propuso construir una ciudad con todas las de la ley, el dinero se extraía de las regalías, en Santander no aceptaron. Con dinero internacional, en 1928, los Jesuítas hicieron una casona y llenaron un lote; a ellos se les quiso mucho y la Santa Sede les dio hasta Obispo. En 1930 ya era conocido en todo Colombia y el gentío y el alboroto se notaban. En 1937, oficialmente, tenía 7300 habitantes en mescolanza muy especial con 1700 extranjeros.


El petróleo, en el siglo XX, hizo el milagro de convertir un caserío “de chozas como 30” en un pueblo y una grande urbe. Visiten a Barrancabermeja para que se den cuenta de qué tan grande e importante es.


Los gringos eran en su mayoría gentes de amable trato: tres de los Gerentes de la Troco llegaron a presidentes de la Standard Oíl Company, la compañía más poderosa del mundo en su época.


Pueblo aparecido en medio de la selva, con mucha historia, de difícil acceso y complicada salida, apareció antes de que los españoles entraran en nuestra historia; las barrancas bermejas encantaron a Don Diego Hernández de Gallegos. Se le conoció también como “La Tora”, Puerto Parra y Puerto Santander. En 1922, a regañadientes, el 26 de Abril se creó el Municipio. Esta historia continuará.

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Autor: Orlando Pinilla Prada
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