Jueves 23 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

La puerta está abierta señor Fiscal

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Columnista: Oscar Jahir Hernández

Tuvieron que pasar veinte años para comprender las palabras con las que el profesor Pedro María Osma Gómez, hoy decano de la facultad de derecho de la Universidad Pontificia Bolivariana, se refirió un día en la Universidad Santo Tomás a lo que significa tener valor civil. Conociéndolo en sus enseñanzas, estoy seguro que su posición al día de hoy no ha cambiado, y por eso no comprendo el silencio del alcalde de Floridablanca frente a lo que está sucediendo con la revisión del POT de dicho municipio. Tuvimos el burgomaestre y yo el mismo profesor de ética, pero al parecer no nos quedaron las mismas enseñanzas. Inmerso en la rutina diaria de la administración pública, no ha querido pronunciarse acerca de la extraña transformación territorial del municipio que gobierna, en el cual gracias a las variaciones del uso del suelo que de manera muy próxima se quieren dar, quienes hoy se acuestan como agricultores, mañana se despiertan como urbanistas. Quien podría ayudar a que se detenga este absurdo, no por nada el destino lo ungió con el nombre de Salvador, pero sus esfuerzos no serán suficientes contra la fuerza de los intereses personales y la patológica corrupción a la que se enfrenta. Estamos ad portas de que mañana se puedan construir edificios de libre altura donde hoy solo hay fincas, que zonas verdes olvidadas por todos, mañana sean predios edificables, y con un descaro que no respeta límites, sepamos desde ya, donde se van a “subsanar” suelos para que los urbanizadores piratas continúen estafando a las familias menos favorecidas. Aquí no se está socializando un Plan de Ordenamiento Territorial; se está socializando un plan maquiavélico controlado quizás por alguien que permanece tras las sombras, y que solo usted señor Fiscal tiene las herramientas necesarias para iluminarlo. Por eso, con el valor civil que un día me enseñó el hombre al que hoy el alcalde debería recordar, le informo públicamente que he radicado ante su despacho, una solicitud de intervención en este proceso en aras de salvaguardar el destino de una ciudad que nos pertenece a todos. Próxima columna: Mi querido Girón.

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Autor: Oscar Jahir Hernández
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