Lunes 09 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Por qué la justicia no funciona

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Columnista: Puno Ardila

En ese enunciado podrían resumirse las preguntas de un amable interlocutor; y como prometí que le respondería hoy, consulté al profesor Montebell.

Es tan fácil, que es complicado –me dijo–. Hay que partir de que las leyes las hacen quienes tienen el poder, y por eso los poderosos no pagan, mientras se pudre en la cárcel el que robó un caldo de gallina: “La justicia es para los de ruana”.

Segundo. El sistema tiene fallas muy graves. Un ladrón de celulares es sorprendido en la calle, lo detienen, y el sistema lo suelta uno o dos días después; y así ocurre con grandes delincuentes y capos, que después de planes muy elaborados para su captura son dejados pronto en libertad por algún requisito que no se cumplió, o por vencimiento de términos, que es uno de los hechos que más nos arden del sistema judicial en este país.

Podrían reformarse sustancialmente los procesos y las penas: por ejemplo, hay culturas que amputan una mano al ladrón; pero entonces las prótesis serían parte de la dotación en el Congreso. Debiera obligarse a que el delincuente repare su falta: devolver lo robado o hacerse cargo de los huérfanos… en fin.

Tercero. La corrupción inundó también los palacios de justicia; por eso, muchos jueces han preferido recibir coimas en vez de plomo o verse obligados a quedarse sin trabajo. Y a pesar de algún ente de control que sirva, entre ellos la prensa (que es poca la realmente veedora), nos toca ver cómo el delincuente es puesto en libertad.

Cuarto. Para muchos la vida delincuencial es eso, una vida; así que entrar a la cárcel es darse una oportunidad para vivir del Estado y, de paso, capacitarse en esta “universidad del delito”.

Quinto. Nuestra formación cultural y social gira alrededor del delito y la corrupción, cuya escuela tiene las bases en los malos ejemplos de la familia, la sociedad en general y los medios de comunicación.

Como ve –concluye Montebell–, la solución no es agrandar cárceles, sino aplicar la ley en serio, pero, antes de eso, EDUCAR; lo demás es paja.

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Autor: Puno Ardila
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