Jueves 12 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Solidaridad

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Columnista: Rafael Gutierrez Solano

En el Noticiero CM& de antenoche el país escuchó las voces de unos líderes sociales amenazados del Urabá y la Guajira quienes señalaron con nombres propios a unos individuos como presuntos autores de tales mensajes criminales en esas regiones. También escuchamos la voz de un alto funcionario de la ONU, delegado para los derechos humanos, quien calificó como una vergüenza mundial los innumerables homicidios que se han venido sucediendo desde hace más de dos años en el territorio nacional, donde se ha sacrificado de manera vil y cobarde la vida de quienes se han dedicado a defender la restitución de tierras, la sustitución de cultivos en áreas cocaleras, la defensa de nuestro hábitat al oponerse a la deforestación y a la minería ilegal, etc.

Algunos han llegado a afirmar que tal debacle tiene motivaciones políticas, lo cual sería funesto para todos, pues nos regresaría a un pasado trágico de violencia ideológica que no es de recibo en esta democracia, cuyos antecedentes siniestros le costaron a la Nación miles y miles de muertes inútiles, atraso, subdesarrollo, heridas no sanadas y odios que al parecer quisieran revivirse. ¡Qué horror!

Ante este escenario aparece un Estado con sus instituciones y autoridades incapaces para detener esta masacre que a diario o cada semana registra como una fría estadística más el sacrificio de otros ciudadanos cuya única labor, por lo que hemos podido enterarnos, es abogar y defender lo justo, lo suyo, lo que les robaron, u oponerse a los comportamientos ilícitos que están acabando con los recursos naturales, propiedad de quienes nacimos y vivimos en esta República. A esos bandidos que desconocen nuestras leyes y aplican unos “códigos de conducta” malévolos y arbitrarios, les decimos: hay a veces entre un hombre y otro, casi otra tanta distancia como entre el hombre y la bestia. Sería la forma de definirlos sin atenuantes.

Esa es en este momento nuestra triste realidad sin solución aparente a corto o mediano plazo, porque en principio se pudiera concluir que esta sociedad, por la fuerza de las circunstancias y los malos liderazgos padecidos durante largo tiempo, nos han dividido de manera perversa entre buenos y malos que a la postre puede impedir la tan mentada reconciliación entre los colombianos que se anda pregonando. Ojalá esté equivocado en este lamentable presagio.

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Autor: Rafael Gutierrez Solano
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