Domingo 05 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

La pesadilla

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Columnista: Rafael Nieto Loaiza

Se acabó, por fin, la pesadilla. Pero tras ocho años de mal gobierno, deja un estela de podredumbre que tomará mucho esfuerzo y tiempo componer.

Por eso, aunque es aplaudible que el presidente Duque pretenda gobernar sin espejo retrovisor, no es menos cierto que es indispensable hacer un corte de cuentas que le permita a la ciudadanía saber el estado de cosas que nos dejan Santos y su gobierno. De otra manera ocurrirá que la ciudadanía empezará a cobrarle al nuevo gobierno el malestar heredado. La energía no puede ponerse en lo que fue sino en lo que será, pero un balance en blanco y negro, bien comunicado, es indispensable para saber de donde se parte y para moderar las expectativas.

Resalto dos puntos especialmente relevantes: el peor de todos, el precedente del irrespeto a la democracia y el sometimiento de los otras ramas del poder público al capricho presidencial. Santos engañó a los electores en el 2010, haciéndose elegir con unas banderas para gobernar con otras completamente opuestas. Pero, mucho más grave, después se inventó un plebiscito para desconocer su resultado. En otros países, perder un plebiscito lleva a la renuncia del jefe de Estado. Acá Santos no solo se quedó sino que corrompió a magistrados de la Corte para que desmintieran sus propias sentencias de apenas semanas atrás. Y el Congreso también avaló el atraco. El pilar esencial de que la voluntad popular reina en una democracia saltó por los aires y también se reventaron los principios de separación de las ramas del poder público y el de pesos y contrapesos, sin los cuales la democracia deja de serlo.

Pésimo también el antecedente de gobernar a punta de mermelada, la corrupción sistemática de congresistas y periodistas, alquilados al servicio del Presidente a cambio de contratos, presupuestos y pautas. Mal acostumbrados como han quedado, tendrán la tentación de extorsionar al nuevo gobierno. Y ahí tendrá Duque un desafío monumental: gobernar sin mermelada y sin mayorías en el Congreso, con unos partidos envilecidos que a la menor oportunidad ejercerán el chantaje. Si cae, avivará una oposición que se alimenta del hartazgo ciudadano, con razón, hacia unos políticos corruptos. Si no, tendrá enormes dificultades para desarrollar su agenda.

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Autor: Rafael Nieto Loaiza
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