Domingo 09 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Aplauso al valor

Comparta este artículo ›

Columnista: Rafael Nieto Loaiza

rafaelnietoloaiza@yahoo.com

Alberto José Linero, polémico, mediático, a un par de meses de cumplir cincuenta años, treinta y tres de ellos dedicados a la vida sacerdotal, ha anunciado que cuelga los hábitos.

Linero es valiente. Aunque toda su vida adulta ha vivido arropado por la Iglesia y por su comunidad, sin preocuparse por las pequeñas minucias de la cotidianidad, decide dar un paso al costado y entrar al reino de la incertidumbre. Semejante decisión, tomada pasada ya la medianía de la vida, prueba que hay que vencer el miedo, ese monstruo que solo habita en nuestra mente y que tanto daño hace porque limita, porque paraliza, porque no nos permite progresar. Reinventarse es una opción sin importar la edad o las condiciones, un nuevo camino es siempre posible, nunca es tarde en la búsqueda de la felicidad. Además, goza esa búsqueda: “¡Lo disfruto! Estoy muy feliz porque estoy aprendiendo y yo soy un ser humano de esos que quiere aprender siempre”.

Ahí en la felicidad parece estar la clave de su decisión: “ Yo quiero ser feliz, quiero disfrutar la vida”, dice. Reconoce haberlo sido: “yo soy un católico feliz, seguiré siendo católico y seguiré teniendo una experiencia de fe y soy feliz”. Pero como ha dejado de serlo en la vida sacerdotal, decide un nuevo comienzo, transitar otros senderos, asumir riesgos. Y empieza por sí mismo. Es adentro de nosotros, no afuera, donde está la felicidad. “Yo creo que la única manera de ser feliz es ser libre interiormente”, romper las ataduras, las servidumbres, las dependencias, el miedo. Lo externo es incontrolable. “Solo podemos ser dueños de nosotros mismos. Por eso el amor debe ser libre o no es amor: si estoy contigo no es porque haya ninguna relación de esclavitud, sino porque yo libremente decido eso. Sí me quedo y no me voy es porque libremente lo decidí”, agrega.

Y después de insistir en que “no estoy amargado por nada que hice o que no hice” explica que “simplemente quiero vivir de otra manera, hacer otras opciones de vida. […] la gran tragedia mía ha sido la soledad en los últimos tiempos […] Yo los últimos cuatro años de mi vida he estado atravesando un desierto de soledad muy grande, existencialmente muy grande, rodeado de mucha gente”. El frío que proviene del corazón.

No conozco a Linero. Pero su decisión merece aplauso.

Publicidad
Autor: Rafael Nieto Loaiza
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.