Viernes 30 de Septiembre de 2011 - 12:01 AM

Grímpolas

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Columnista: Ramiro Blanco Suárez

Los congresistas y los funcionarios, como los niños, aprendieron a pedir perdón y ahora el acto de falsa sumisión, que no de arrepentimiento, se convirtió en espectáculo al que los periodistas divulgan con la ostentación deseada por los actores. Entre los últimos tenemos el del señor Vicepresidente de la República y el del señor presidente del Congreso. Ambos necesitan que no se les olvide porque ambos aspiran a proseguir en la conquista de la mayor popularidad. El señor Vicepresidente pisa las alfombras palaciegas de una precandidatura que callado le producirían apenas polvo, dando además la impresión de que sería partidario de la reelección, no de la suya sino de la del doctor Santos quien, por otra parte, pareciera que se acercó a una equivocación parecida a la de su antecesor con la chavista senadora. En todo caso el perdón en la política está más acreditado como fuente de popularidad tribunicia de los políticos que como llorosa e inocente pamplinada, de los niños.


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El doctor Simón Roberto Harker Valdivieso, literato e historiador bumangués, falleció el viernes anterior asistido por sus cercanos familiares. Son ellos su señora esposa doña Graciela Villamizar, sus hijos Elisabeth, Janeth y Roberto y sus nietos a quienes parientes y amigos rodean con sentida solidaridad. El doctor Simón Roberto ejercitó en décadas valiosas su determinante pluma, con devoción creciente y en cuanto su delicada salud se lo permitía allí estaba para acrecer las buenas obras, entre éstas la Academia de Historia de Santander de la que fue su Presidente reelegido. Considerable y constante número plural de libros y escritos puestos al servicio del idioma y de Santander son un capital intelectual que se leyó y aprendió en un plausible y coordinado interés superior. Séale la partida al más allá el indultoso viaje de los iluminados.

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Autor: Ramiro Blanco Suárez
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