Sábado 03 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

La democracia no es absolutista

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Columnista: Raul Pacheco

La democracia nacida de la revolución francesa aparece como consecuencia inmediata de la crisis del absolutismo monárquico. En la monarquía el Rey podía hacer lo que le viniera en gana, porque no estaba regido por la ley y por una constitución. Él era la ley. Por eso Luis XIV llegó a decir con razón el Estado soy yo. Así que de ahí en adelante, dentro del régimen democrático lo más importante es la constitución y la ley. Y decimos esto, porque la situación del Brasil va para allá precisamente, cuando Lula Da Silva, ya condenado por la justicia de su país, insiste en lanzarse como candidato presidencial, montado sobre la soberanía del pueblo. Porque para allá vamos: Lula irá a argumentar que las próximas elecciones presidenciales serán un plebiscito en donde el pueblo diría si quiere que sea condenado o por el contrario absuelto y, desde luego, elegido como próximo presidente del Brasil. Pero ahí es donde está el meollo de la cosa, porque la democracia no es absolutista, porque la democracia no puede encubrir bajo el supuesto del ejercicio de la soberanía, evadir la justicia, de no obedecer a una de las ramas del poder público que ha condenado a Lula. La providencia se ha producido dentro de estrictos marcos legales, sin que se considere un atropello a los derechos de Lula. Se trata de una constitución vigente, con unos funcionarios debidamente nombrados y con todo el peso de la ley. Luego el líder de los trabajadores no puede alegar que se están vulnerando sus derechos o que los hechos por los cuales fue juzgado y condenando no ocurrieron. Todo lo contrario, está debidamente probado que el expresidente recibió un apartamento en una zona exclusiva de la capital brasileña como coima para que aprobara el gobierno un proyecto que estaba en sus trámites legales. En la época del absolutismo esto podría ser corriente, porque la persona del rey estaba por encima de la ley. Pero no ahora.

La democracia se soporta sobre tres elementos: un sistema de leyes, la tridivisión del poder y un sistema electoral. Y si se trata de borrar de un tajo así sea uno solo de sus elementos, pues no hay democracia. De lo contrario significaría que nos hemos devuelto en la historia y que estamos a un paso de consagrar de nuevo la monarquía con otro nombre. Por encima de todo está el principio de la democracia con todas sus letras: no cabe el absolutismo.

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Autor: Raul Pacheco
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