Domingo 12 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

¿Qué nos pasa? ¿Enloquecimos?

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Columnista: Reinaldo Suarez Diaz

Esta comunidad humana maravillosa apellidada Colombia o Locombia, bien puede asimilarse a una frágil caña sacudida y obnubilada por el embate de poderosas pasiones, donde cada día es grávido lo inesperado. Acabamos de sufrir un certamen crudo electoral. Vino después el mundial de fútbol donde todo fue alegría, fraternidad y unión patriótica. Siguió el curioso episodio Mockus que destiló fuertes dosis de moralina, que opacando el verdadero problema cual es el proceso de degeneración que sufren nuestros órganos representativos. Y ahora la Corte Suprema de Justicia alborotó el avispero llamando a declarar en lo penal al expresidente Uribe, basada en frágiles testimonios de hechos acaecidos en la década de los 80 y los 90. Y ahí fue Troya. Ese “monstruo” que nos hemos creado en este ambiente de conspiraciones y sospechas que a diario respiramos tomó la decisión (a mi parecer correcta y digna, pero real) de renunciar a su senaturía, para defenderse ante las acusaciones como simple ciudadano. Entonces el Centro Democrático se echó a llorar por la orfandad de su mesías y sus enemigos inventaron a su alrededor toda una maligna treta para escapar a la justicia. Y el suceso se convirtió, aupado por medios de comunicación irresponsables, en una convulsión nacional de dimensiones insospechadas. El mundial de fútbol y su fraternidad, lo mismo que las quijotadas del profesor y senador pasaron las cesto del olvido, despertando las pasiones de furibistas e izquierdosos.

La Corte se olvidó del cartel de la toga, de los Bula, los García, los Ñonos, los Besailes, del magistrado Malo que se estuvo burlando de la justicia durante meses, y de ese mafioso cartel de abogados dedicado a saquear el presupuesto nacional con sus absurdas y, lastimosamente exitosas demandas contra el Estado, etc.. etc., y se dedicó escarbar refritos pasados, despertadores de odios y malquerencias y sembradores de alboroto y confusión.

El máximo órgano de justicia debe ser ejemplo de seriedad y ecuanimidad dedicándose a los fundamental. Y que todos los implicados, con responsabilidad, ventilen sus cuitas ante las cortes y no ante los micrófonos, con complicidad de medios sensacionalistas.

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Autor: Reinaldo Suarez Diaz
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