Lunes 30 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Nicaragua, la catástrofe previsible

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Columnista: Ricardo Trotti

Nicaragua y su gobierno sandinista pasaron debajo del radar de la comunidad internacional por años, lo que le permitió al presidente Daniel Ortega construir un autoritarismo progresivo que recién se visualizó tras el estallido social de estos días. La indiferencia internacional no fue casual sino estrategia trabajada por Ortega. Construyó su propia impunidad con los mismos mecanismos totalitarios que usó la dictadura de Anastasio Somoza. Esas similitudes inspiraron el canto más pegadizo de las manifestaciones públicas actuales: “Somoza y Ortega son la misma cosa”. Ortega supo evadir la atención internacional. Compró medios que puso en manos de sus hijos y censuró a los críticos. Incorporó a los empresarios otorgándoles beneficios y supo diferenciarse de Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro y Rafael Correa, siendo más mesurado con sus discursos anti-imperio.

Toda su estrategia fue posible gracias a que pudo ser parásito del chavismo venezolano, aunque acabada la época de vacas gordas y habiendo derrochado en demasía, tuvo que meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos con una reforma al sistema previsional, quitándoles ingresos a los jubilados. Nadie lo soportó. El estallido era evidente.

La fuerza excesiva y desproporcionada de la Policía y de la Juventud Sandinista causó más de 30 muertos. El régimen cerró canales y censuró radios. Muchos periodistas en canales oficiales y cuasi oficiales renunciaron. Nadie quiso quedar pegado a las groserías antidemocráticas. El tema económico fue solo la gota que rebasó el vaso.

Ortega siempre usó careta de demócrata, pero nunca lo fue. Su autoritarismo es en parte responsabilidad de los nicaragüenses que esperaron mucho tiempo para gritar como ahora y de la comunidad internacional que le dejó pasar muchas arbitrariedades sin chistar.

Hace semanas terminé mi columna con “¿Suena Nicaragua?”, aludiendo a que la comunidad internacional no podía cometer el mismo error de ser indiferente a la situación nicaragüense como se fue con la venezolana. Esta catástrofe se hubiera podido prevenir si se hacía cumplir la Carta Democrática Interamericana.

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Autor: Ricardo Trotti
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