Viernes 04 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Mortaja a la verdad

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Columnista: Samuel Chalela

Encuestas, pronósticos, trinos de 140 caracteres, retahílas embravecidas en la radio y algún titular malnacido (mal concebido, debí decir) en la prensa. Esa es fuente de información hoy, la cantera de la verdad contemporánea. Pero ¿dónde está la verdad?, parece una pregunta filosófica.

Entonces recuerdo a Pablo Feinmann que en una de sus increíbles lecciones de filosofía ponía el lugar de la verdad en donde se encuentren más bocas para re producir alguna de las interpretaciones que hay de la misma. La verdad medieval era la del clérigo, luego Kant la circunscribió a la experiencia, Nietzsche a la interpretación de cada quien sobre esa experiencia, y Foucault a la lucha entre interpretaciones, que es realmente una batalla por el poder: tiene el poder quien tiene la verdad, pero hoy realmente tiene la verdad -o la versión ungida como verdad- quien tiene el poder mediático para reproducir, repetir y alienar. Para que nos mintieran acudíamos a la literatura. En cambio, el periodismo, como oficio, era rigurosamente fiel a los hechos. Ya los hechos no son la materia prima de la prensa, sino percepciones y convicciones subjetivas. Los que opinamos tenemos esa licencia, los que informan no. El compadrazgo de la prensa con bloques económicos oligopólicos puso al periodismo en la mitad de la beligerancia de extremos recalcitrantes: es la muerte de la verdad.

Por los canales de la información se trafican las estrategias de movilizar pasiones para obtener poder: miedo y fanatismos. Una crisis que toca el alma de periodismo. Y no es nuestra crisis solamente, la ha habido por mucho tiempo en Europa y EE.UU. (The Post, la película de Meryl Streep y Tom Hanks muestra apenas la cara buena, un pequeño acto de independencia de la prensa en los 70, la recomiendo). Sobrevive ese lugar privilegiado del humor, donde se dice lo políticamente incorrecto (Sacha Baron Cohen, británico, -Borat- en El Dictador, otra película para ver, y Jaime Garzón q.e.p.d.).

Veneno en píldoras de verdad. Lamentablemente es un talento escaso, pero sobre todo se vuelve peligroso en épocas de dominación mediática. Aquí venimos viendo claramente el síntoma de la represión y la amenaza sobre la caricatura y el humor mordaz. Aunque no viva la verdad, que sobrevivan los que la dicen.

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Autor: Samuel Chalela
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