Viernes 18 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Más allá del “me gusta”

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Columnista: Samuel Chalela

En esta sociedad digital que vive del “me gusta” de Facebook, Twitter e Instagram, hay un borrón total de lo distinto, de lo otro, del prójimo (personas, objetos, ideas), a esa visión permeable del mundo que daba lugar al verdadero arte y a la filosofía.

Somos producto de una vida organizada en el lenguaje binario de fobias y “me gusta”; una ecuación simple donde lo que no es “así”, simplemente no es y hay que eliminarlo.

La red digital hace las veces de la montaña que devuelve en eco cualquier cosa que digamos -si es que decimos, porque generalmente solo repetimos-, una caja de resonancia donde acumulamos ego y valor en cuanto más nos parecemos a la mayoría: la paradoja autodestructiva de asemejarse en lugar de distinguirse.

El paradigma oculto en esa simplista y cómoda visión del entorno es que resulta fácil, rápido y más posible pensar como todos, como lo hace el establecimiento, tender a ser igual, y de contera destruir lo raro, lo original, lo alternativo. Por ahí llegamos rápido a ser xenófobos, racistas, homofóbicos, fanáticos; la contracultura de ese olvidado y simple adagio: todo extremo es vicioso. Pero el extremo comienza con definir en solo dos polos la experiencia del mundo: me gusta o no.

Mucho tiene que ver la híper conectividad actual donde hay demasiada rapidez y cobertura como para dar espacio a la serenidad para la concepción, representación y divulgación de lo distinto.

La originalidad es abrumadoramente aplastada por la turba demoledora de lo igual que viene montada las redes digitales. En mucho, de eso se trata el auge del yoga y la meditación, o las terapias que se aferran al aquí y ahora.

En realidad es la reivindicación del silencio, y la pausa consciente para bajarse del tumulto ciego y detenerse a ver, a aceptar, a observar sin juzgar.

Es que la lupa binaria maniquea (bien-mal) ahora viene montada en el torpedo veloz y arrollador de las redes, disfrazada de me gusta o no. Cuestionarse como propone la filosofía, abrirse a la realidad sin la presión de encajar que imponen las redes, sería la verdadera misión de la educación actual, para reversar el fenómeno de destrucción de lo otro, lo distinto, al que nos está llevando el mundo digital, que a la vez, es destrucción de sí mismo.

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Autor: Samuel Chalela
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