Viernes 08 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Exmingitorios

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Columnista: Samuel Chalela

Con la bochornosa participación de los expresidentes Uribe, Pastrana y Gaviria en la contienda electoral actual, he recordado con frecuencia la significación de la primera idea de Duchamp en el arte contemporáneo. Cuando Marcel Duchamp, en 1917, compró un orinal en Nueva York, lo puso a la inversa, lo firmó con un seudónimo (R. Mutt) y lo tituló “Fuente”, estaba cumpliendo un acto de irreverencia contra los paradigmas artísticos de la Academia Nacional de Diseño y enviando un claro mensaje.

Hoy Duchamp es uno de los artistas más influyentes del siglo XX y el indudable pionero del arte contemporáneo.

Lo que el mingitorio significó fue la introducción de la idea en el arte, ya no sería el medio (el lienzo, las pinturas, el dibujo) lo principal, sino la idea expresada. Lo puso de manifiesto, al aislar un objeto tan ordinario como un orinal de su función habitual, es decir convirtiéndolo en inservible y exhibiéndolo al revés. Hoy la gente observa el orinal de Duchamp (La Fuente, 1917) con cara de reflexiva admiración, el artista reiría a carcajadas: es un orinal, lo artístico es la idea, no el objeto.

Así explican los expertos la importancia del mingitorio en la historia del arte.

Los expresidentes, sin entrar en detalles acerca de los prontuarios de algunos, ni de la insignificancia de otros, son un estorbo (buenos y malos) en la vida institucional de una democracia, un ancla que, por obvias razones de ambición al escenario histórico, compromisos con el pasado y afán de supervivencia, impiden mirar despejadamente al futuro, aprender desapasionadamente de los errores y crear el modelo del porvenir. Los americanos lo resuelven con una biblioteca para cada expresidente y, estos con la dignidad de un objeto fuera de uso, aislados de su función ya concluida, se dedican a dar conferencias y a apoyar causas humanitarias. No son monarcas ni pontífices eméritos, solo exfuncionarios con rabo de paja.

¿Qué habría sido de la actual contienda electoral sin la participación de estas pesadas y sucias ruedas de la ambición personal y su cínico y ególatra apasionamiento? Si hacemos abstracción de su tóxica influencia en estas elecciones, el panorama se despeja. Lo que falta es darle a esos vetustos y contaminados sujetos el archivo honorable o ignominioso que merecen y dejar que el presente fluya hacia el futuro.

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Autor: Samuel Chalela
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