Viernes 27 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Eufemismos y paradojas

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Columnista: Santiago Gomez

Este Congreso ha dado más sorpresas que el Mundial en solo una semana. Eligió como su presidente a Macías, un comunicador social que validó su bachillerato ante el Icfes; Mockus se bajó los pantalones en el recinto para pedir silencio a sus colegas y Álvaro Uribe renunció tan solo cuatro días después de posesionarse.

Lo de Mockus es una torpeza innecesaria y fútil. Él, que nos enseñó que no todo vale, llegó al Congreso y con un gesto simbólico caduco y envejecido intentó llamar la atención quedándose en la superficialidad de lo tristemente conocido, así como en lo riesgoso de lo soberbio y hasta autoritario. Antanas: la potencia del símbolo se soporta principalmente en su oportunidad y originalidad y esta vez -lastimosamente- ni lo uno, ni lo otro.

A legislar, que aunque es más difícil que mostrar las nalgas, es mucho más necesario en esta coyuntura nacional.

Y el martes, en un país de eufemismos, quien pasó por fin de ser “presidente eterno” a “expresidente” en las declaraciones del recién elegido Duque, justificó en un “impedimento moral”, el regate con el que también le mostró la cola al Congreso y le permitiría esquivar -aunque no evadir- la justicia.

Esta ya es la legislatura de las paradojas (con tan solo cinco días de instalada).

Algunos miembros del Centro Democrático pedían antes de la posesión que Mockus (por un supuesto impedimento ya descartado), y los senadores que habían ganado curules arrastrados por sus votos, no se posesionaran. Hoy, ellos mismos ¿qué tendrían que decir sobre quienes se beneficiaron de los votos de lista abierta de Uribe, ahora que dimite por la investigación que se le viene encima? Supongo que nada, la política es dinámica: otro eufemismo. Y luego, las declaraciones de Duque pidiendo garantías a esa misma institucionalidad en la que sí confió para ser elegido -otra paradoja-.

Que los padres de la patria, así con minúscula por ahora, dejen el sacaculismo parlamentario. Menos nalgas, menos regates, menos eufemismos y a trabajar -aunque suene paradójico-. Y eso que ni Petro, ni las Farc han abierto la boca aún.

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Autor: Santiago Gomez
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