Viernes 03 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Rescatando responsabilidades individuales

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Columnista: Santiago Gomez

El pasado 1° de agosto fue el Earth Overshoot Day, el día de cada año en el que el consumo de recursos naturales por parte de los habitantes del planeta excede la capacidad terrestre de regenerarlos. Es decir, desde hoy y durante los próximos cinco meses todo el consumo que hagamos en el mundo de recursos naturales estará deteriorando seriamente el medio ambiente, dada la incapacidad del planeta de producirlos tan rápido y frenéticamente como los consumimos. Es como si desde el miércoles y hasta Año Nuevo estuviéramos viviendo sobregirados. Preocupante.

Pero más grave entender que desde finales de la década de los sesenta este fenómeno se repite irremediablemente cada año. En 1970, el inicio de la sobrecapacidad se daba el 29 de diciembre es decir solo excedíamos la posibilidad del planeta de producir lo que consumíamos en dos días. Pero a partir del 2005 ese límite se traza en agosto. Cada vez consumimos más.

Las cifras son alarmantes y eso alienta una reflexión que inevitablemente conlleva a la necesidad de individualizar las responsabilidades medioambientales. En Santander, la agenda está monopolizada por el páramo de Santurbán desde hace más de cinco años, quizás porque es más cómodo culpar a los demás. La agenda en Bucaramanga también se intercala entre los vaivenes de opinión entre el páramo y los árboles de la Normal. Los culpables son otros, resulta más rentable posar de ambientalista cuando el dedo acusador apunta hacia el frente.

Pero hay que individualizar la agenda pública medioambiental y asumir las responsabilidades personales en el deterioro global. El efecto de los desmesurados niveles de consumo personal sobre el medio ambiente de la ciudad y el departamento, como demuestra el Overshoot Day, son mucho más devastadores, aunque políticamente menos rentables que Santurbán y la Normal.

Está bien ser activo en la defensa del páramo y los pocos pulmones de oxígeno urbanos que aún existen, pero luego de la marcha hay que apuntar el dedo inquisidor hacia uno mismo, si de verdad se está comprometido con salvar este planeta y garantizar que las generaciones futuras vivan bien.

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Autor: Santiago Gomez
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