Viernes 10 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

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Columnista: Santiago Gomez

Para los laureanistas fue difícil explicarle a su descendencia que uno de los mejores presidentes de la historia de Colombia era López Pumarejo -su gran rival-, y que Gómez ocupaba un deslucido puesto 41 en el escalafón de presidentes hecho por los más prestigiosos académicos del país. La historia juzga tardía pero implacablemente.

El país que deja Santos es mejor que el que recibió, gracias parcialmente a los logros de su predecesor, aunque también a pesar de su oposición y los embates de la crisis petrolera.

En Colombia dejaron de morir 5.000 personas gracias al acuerdo. Los homicidios disminuyeron en un 35% durante el gobierno de la paz. Los secuestros están en su cifra más baja de este siglo. Por primera vez en 2017, el país invirtió más en educación que en guerra, y 40.000 jóvenes de bajos recursos pudieron acceder a la mejor educación superior disponible, gracias a una política que los incluyó en un sistema al que no hubieran podido llegar de otra manera. Desde 2012 hay gratuidad en la educación pública hasta undécimo grado. El 98% de los municipios están hoy conectados a internet y se triplicó el presupuesto destinado al deporte.

Se invirtió en vías secundarias y 4G más que nunca antes, 8 millones de colombianos tienen hoy el agua potable que no tenían en 2010, 3.4 millones obtuvieron por primera vez gas natural, y se entregaron 100.000 viviendas gratis a familias de bajos recursos.

Hoy Colombia está en la Ocde y la Otán, obtuvo su segundo nobel y lideró la agenda mundial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hay más turistas extranjeros y empresas que invierten en nosotros. Hay más áreas de protección ambiental, 3.5 millones de nuevos empleos y menos informalidad, 5.4 millones menos de pobres y somos un país más igualitario.

Gracias a Santos por haber gobernado con un talante inclusivo, sin privilegiar el lenguaje polarizador y tolerando estoicamente la agresión discursiva de los opositores. La historia le reservará un espacio privilegiado, también porque se admite “ex” desde el martes pasado, porque sabe que no hay cosa tal como un presidente eterno, afortunadamente.

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Autor: Santiago Gomez
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