Viernes 31 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Divorcios

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Columnista: Santiago Gomez

Los resultados de la Consulta Anticorrupción del 26 evidenciaron un fuerte mensaje de rechazo ciudadano frente a la clase política y la cultura de la apropiación indebida de lo público en este país. Más de once millones de colombianos se pronunciaron mayoritariamente a favor de implementar siete medidas propuestas para combatir la corrupción. Ninguna propuesta o individuo había tenido tanto respaldo electoral en este país. Todo un fenómeno político, toda una exclamación popular.

Sí bien los casi 12 millones no permitirán que las propuestas se conviertan en políticas juridicamente vinculantes, tampoco era previsible que si se hubiera alcanzado el umbral la corrupción hubiera desaparecido. Simbólicamente los resultados fueron importantes, jurídicamente insuficientes y culturalmente inoperantes. La corrupción es un acto consciente y deliberado de la individualidad, la honestidad y la rectitud también lo son. El primer divorcio se dio el domingo entre los deseos colectivos, expresados por el caudal electoral referenciado, y una individualidad que culturalmente sigue premiando el atajo y la percepción de que el vivo vive del bobo.

Pero el segundo divorcio, políticamente llamativo, se dio entre el presidente Duque y el senador Uribe. Mientras el presidente promovió el voto, el expresidente en público y en lo que creía ser una declaración privada, motivó la abstención luego de haber autorizado el uso de recursos para realizar la Consulta y luego de haberla respaldado durante la campaña presidencial. A menos, insisto, de que Duque mienta y sea capaz de engañarnos con su carita de yo no fui, en la que por cierto cada vez confío más, el duquismo nació este mes de agosto como un movimiento derivado de la derecha furibista pero que cada vez, como el santismo, se empieza a mover hacia la centro derecha como ruborizado por los mandamientos del mesías. Falta un tercer divorcio que lleva configurándose desde hace años. Los políticos parecen solo representar a los ciudadanos al momento del intercambio de prebendas que motivan masivamente los votos, pero cada vez menos. El domingo casi 12 millones de colombianos dijimos tajantemente que los votos no tienen que estar ligados a esas prebendas.

El país está cambiando y Duque parece estar desligándose del país terrateniente y medieval que los grandes electores que emergieron de la Antioquia profunda desean recuperar.

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Autor: Santiago Gomez
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