Lunes 30 de Julio de 2018 - 12:01 AM

El salvavidas

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Columnista: Sergio Arenas

—¡Ayuda! ¡Un salvavidas por favor! —es lo que grita el empresario que día a día observa cómo su organización se va hundiendo por los compromisos con los acreedores y la imposibilidad de continuar con el negocio por falta de flujo de caja.

En los últimos tres años aumentó el número de empresas que piden a gritos una mano que las ayude a mantenerse a flote, especialmente en el 2017 cuando 395 empresas se acogieron a procesos de reorganización previstos en la ley 1116 de 2006.

Con esta figura, la legislación colombiana permite al empresario la recuperación y conservación de la empresa como fuente generadora de empleo, la preservación de empresas viables y la normalización de sus relaciones comerciales y crediticias mediante la reestructuración operacional y administrativa.

El empresario debe ser consciente de que esta herramienta legal no se diseñó para evadir los compromisos con acreedores, sino para proteger el crédito. Es por ello que la decisión de acogerse a este beneficio, más allá de representar un trámite, es la oportunidad para rediseñar la empresa, sus objetivos y las estrategias para garantizar su viabilidad económica.

Desde el 2007 a junio de 2018, 2251 empresas se han acogido al proceso de reorganización. En el sector agropecuario 120, comercio 333, construcción 114, manufacturero 228, minería 22, servicios 210, transportes 39, y otras 1185. En Santander se acogieron 150 empresas.

La reorganización exige que el equipo humano de la empresa tenga la mentalidad de trabajo en equipo, dirigido al cumplimiento de los objetivos trazados por la dirección. Al igual que el pleno convencimiento de que la leyenda “en reorganización” no es sinónimo de fracaso, sino de reingeniería y reestructuración.

Es necesario que legalmente se le exija al sector financiero, como uno de los acreedores más comunes dentro de estos procesos, que se asuma como un acreedor más y desista de perseguir a los avalistas o codeudores (generalmente los socios) quienes han suscrito los títulos valores como personas naturales y no como empresa.

Gracias a esta figura, 66 173 trabajadores han podido mantener sus trabajos. Una empresa a flote representa muchas familias navegando hacia el progreso.

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Autor: Sergio Arenas
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