Domingo 15 de Julio de 2018 - 12:01 AM

La inseguridad jurídica (y la JEP)

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Columnista: Sonia Diaz Mantilla

Si fuéramos serios, en Colombia ya debería estar avanzando una reforma a la justicia que cumpliera a cabalidad con su razón de ser: administrar justicia equitativa. Pero lo que nos está pasando como sociedad es que no hay reglas claras en un asunto que es vital no solo para el orden institucional, sino para la inversión y la paz ciudadana.

Uno no sabe ya a qué atenerse en materia de justicia. Con el agravante de que el origen político de las altas cortes (la Constitucional encabeza la lista) y los hechos de corrupción, le quitan uno de sus activos más importantes: la credibilidad.

Y con la llegada del nuevo mejor amigo, la Justicia Especial para la Paz, igualmente politizada y sin límites de hasta dónde pueda actuar, se declara la total confusión. Si ya Alberto Santofimio Botero, vinculado y condenado por el magnicidio de Luis Carlos Galán Sarmiento está pidiendo pista en la JEP…

Si una sala de la Corte Suprema tiene la posibilidad de revisar un fallo de otra sala y actuar en contrario -como puede ocurrir en el caso de la declaración de ilegalidad del paro de los pilotos de Avianca-, los que empiezan a sobrar son los jueces.

Súmenle a lo anterior que desde el 2015, en la llamada reforma del equilibrio de poderes, se ordenó la desaparición del Consejo Superior de la Judicatura (que escoge a los magistrados de la Suprema) y monta en su lugar una cosa llamada Consejo de Gobierno Judicial, con gerente y todo. Pero acostumbrados a dilatar, el mencionado Consejo sigue funcionando 3 años después y no se ha escogido a los otros consejeros que lo van a remplazar, que a la larga no es sino un cambio de nombre. Como reza el dicho popular: que todo cambie para que todo siga igual.

¿Y la JEP? Ese engendro hasta ahora está tomando forma y no sabemos qué quede al final. Como van las cosas hasta Luis Alfredo Garavito, el asesino de más de 200 niños, podría pedir traslado a la justicia especial. Aquí ese favor no se le está negando a nadie.

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Autor: Sonia Diaz Mantilla
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