Viernes 20 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

Adiós doña Ruth

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Columnista: Virgilio Galvis Ramírez

En este muy corto camino de peregrinaje, nuestra mundana existencia ha tenido que vivenciar el impresionante deterioro de los valores morales que impactan de manera esencial nuestro modus vivendi. La ruina ética por la que camina la sociedad contemporánea no tiene precedente en la historia y nos genera una sana envidia oír los anecdotarios vividos por la generación que se nos está yendo a descansar a la viña del gran Señor; otrora colmados de sano ambiente; con buena calidad de vida, sin los aceleres de hoy, afanes de dinero rápido, figuración y torcidas ambiciones.

Los mortales que quedamos hoy vamos inmersos en este mundo sin valores, rodeados de malas energías y acostumbrados a vegetar dentro de una sociedad plagada de inequidades, injusticias y corrupción.. Hoy necesitamos de manera obligante, pedir la misericordia divina para que, al estilo de esas antiguas familias, se nos otorgue el volver al refugio sagrado del hogar, al respeto por los padres y a encontrar espacios de unión, de amistad de tiempo inigualable para el diálogo entre padres e hijos, para construir modelos saludables de convivencia familiar. Los invito a sellar pactos para ser buenos hijos y siempre amar a nuestros padres. Los hogares de antaño, formados con amor filial, al sufrir la pérdida irreparable de un ser entran en profunda aflicción y afloran lágrimas de amor que se desgranan necesariamente ante la pena. Son estos momentos de duelo en los que los reales amigos deben rodear con sincero cariño a los deudos, que aunque no cura el dolor perenne, sí ayuda a mitigarlo. Todo lo escrito aplica al hogar de Doña Ruth Quesada de Beltrán, amorosa caleña quien en sus años mozos, radicada en Bucaramanga, hizo historia por su belleza. Al lado de Otoniel, su esposo y buen amigo, supo ganarse el cariño sanandereano. Dama jovial y bondadosa, de expresión coloquial, madre excepcional que hasta última hora supo cuidar de sus cinco pollitos. Por buena mujer, humanitaria y muy piadosa, mi Dios ha de tenerla a su diestra, disfrutando de la magnificencia divina. Para don Otto su esposo, Patricia, Orlando, Marcela (Jorge Enrique) Claudio y Otto, mucha sabiduría para entender el camino de la vida y los designios del “Gran Jefe”. Adiós doña Ruth, le profesamos inmenso cariño y la supimos querer… Gloria a sus cenizas.

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Autor: Virgilio Galvis Ramírez
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