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Miércoles 22 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Necesitamos una Feria nueva

En días pasados el concejo de la ciudad, de manera pertinente valga decirlo, promovió un debate a la estructura y la concepción que han primado a la hora de organizar la Feria de Bucaramanga. Es bueno hacer con tiempo este planteamiento, porque lo cierto es que todos los años en la semana de la Feria, los registros de las noticias no son precisamente positivos, sino que tenemos que encargarnos de varios de los peores hechos del año.


En efecto, las notas periodísticas que se imponen son las de las riñas que se cuentan por millares, los heridos que suman centenares y los muertos, que han llegado a decenas, que deja la atroz sumatoria de caos, alcohol e intolerancia; además de esto, nos vemos ante un incremento de cartas y llamadas de ciudadanos que piden el respaldo del periódico en la denuncia de atropellos como los que ocurren en la cabalgata; o las vías que se cierran sin la ineludible consideración del interés general, que es mandato constitucional; o la contaminación por ruido, entre otras tantas endemias resultantes de la Feria de Bucaramanga.


Varios sectores ciudadanos respetables, entre otras cosas porque ejercen la vocería de un número significativo de personas, como sucede con los gremios y varias Asociaciones, han defendido siempre a la Feria de Bucaramanga en tanto es una actividad que les reporta importantes réditos y eso, claro está, representa un beneficio para la ciudad en general, en tanto muchas familias obtienen recursos de esa ‘temporada’. Pero casi podríamos decir que es el único provecho real que se obtiene de la Feria, porque hasta ahora ha primado un concepto anacrónico y pernicioso cuando se piensa en este tipo de certámenes.


Vanguardia Liberal sólo ha justificado la Feria de Bucaramanga en la medida en que sea un factor potencial de desarrollo en muchas áreas de la economía y la cultura local, pero ha criticado también, por obvias razones, la manera desarticulada, peligrosa y desueta en que se concibe su programación.


A Bucaramanga le puede servir su Feria, pero podría obtener muchas más utilidades, si se piensa en un esquema serio y moderno, encaminado mucho más a los rendimientos, culturales, científicos y económicos etc, que al escueto y primario jolgorio general.


Una Feria en la que confluyan decenas de actividades de índole nacional, que traigan no sólo dinero, sino muchos otros beneficios (incluso más duraderos) y que pongan a la ciudad en el primer orden de las noticias positivas en todo el país, nos dejaría como una tierra pujante y no nos seguiría marcando como la región más peligrosa y camorrista de Colombia.


Cuando dejemos de entender la Feria como desorden, despilfarro y subdesarrollo para conformar una programación llena de certámenes de altura, la ciudad tendrá verdaderas ganancias y, en ese caso sí, la ciudadanía toda podrá quererla y defenderla como un representante más de nuestra cultura y otra forma de demostrarle al país ya no nuestras bajas pasiones, sino nuestros más elevados valores.

Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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