¿Podrá lucharse contra la corrupción en las Cortes? | Vanguardia.com
Viernes 08 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

¿Podrá lucharse contra la corrupción en las Cortes?

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Para el país, pese a lo descorazonados que viven los ciudadanos y a las muchas cosas que desde hace varias décadas se dicen en los corrillos sobre la razón de ser de los fallos judiciales, ha sido duro, hiriente, el darse cuenta a cabalidad de que a nivel de las altas Cortes ha habido importantes decisiones judiciales tomadas no con base en el acervo probatorio recaudado, ni con fundamento en la sana crítica de la prueba, ni considerando el interés general de los ciudadanos, sino pensando en intereses particulares, o que son financiados, o que se toman por “amiguismo”, o por devolver favores; en síntesis, tienen máculas.

¿Qué está pasando? Que desde hace décadas, cada vez con mayor frecuencia, a las altas Cortes no están llegando los profesionales del Derecho más probos, más brillantes y destacados, los más capacitados en conocimientos y experiencia, sino los amigos, aquellos que pueden inclinarse en un determinado sentido a la hora de dictar sentencia.

En Colombia hay gente suficientemente capacitada en materia de conocimientos jurídicos, personas que son rectas y a la hora de decidir “olvidan” quién los postuló, pero esos en las actuales circunstancias no “reúnen” los requisitos que necesitan las conveniencias de quienes conforman las ternas de candidatos a las altas Cortes; por eso no se promueve su elección, por eso no se elige a los mejores sino a los más “convenientes”. Ese proceder promueve la corrupción, posibilita que abogados del montón, sin relumbre, mañosos, hayan llegado a ser magistrados.

Ese proceder ha contaminado a las altas Cortes, ha llevado a ellas la mala forma de hacer política que predomina en el país. Por eso pueden adoptarse cientos de reformas judiciales pero mientras lo anterior no cambie, nada se modificará en la Justicia.

El país necesita magistrados que “sean ingratos” con quien los postuló, para que sean rectos y puedan tomar con independencia las decisiones judiciales, actuar según su conocimiento, ética y conciencia.

Pueden adoptarse muchas reformas a la Justicia, elaborar draconianas listas de inhabilidades e impedimentos, pero el mal tiene orígenes a nivel de quienes prohíjan los nombramientos de los magistrados. Para que las cosas cambien en las altas Cortes, se necesita un método de elección de sus integrantes distinto al que hay.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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