Lunes 07 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

La honda crisis del Consejo Nacional Electoral

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En 1.999 se conoció el informe final de la consultoría internacional contratada por el Gobierno colombiano con el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown (E.U.), sobre las modificaciones a hacer para fortalecer el sistema político y el régimen de partidos en el país. En la respuesta a la pregunta número 5 del formulario elaborado por el Ejecutivo que fue la base de tal estudio, sobre las autoridades electorales se lee: “el éxito de la reforma electoral y de los partidos políticos depende en gran parte de la existencia de una administración electoral y de unos tribunales electorales eficientes, imparciales y con amplia legitimidad” (sic, estudio citado). Es decir, que las modificaciones que se hagan en materia de reforma política, de partidos políticos y de régimen electoral solo tendrán sentido, mejorarán el funcionamiento de nuestra democracia y del sistema político, si se ajusta el régimen de las autoridades electorales y de la justicia electoral, pues son estas la garantía real de un control eficaz sobre las elecciones, las votaciones y los escrutinios.

Al examinar las reformas políticas que se han aprobado a través de Actos Legislativos como el número 1 de 2.003 y el número 1 de 2.009, todo ha sido en vano, pues en el Consejo Nacional Electoral (órgano que es de carácter administrativo y no judicial), que es fundamental para el sistema electoral, todo se limita a la elección y reelección de sus miembros, al aumento de sus salarios, haciendo real caso omiso de importantes funciones relacionadas con el manejo técnico de sus tareas, con el control real y efectivo de las votaciones y de los procesos de elección, como ha sido evidente a lo largo de los 18 años que van del siglo XXI.

La forma como ejerce las funciones que tienen que ver con el establecimiento y actividades de los partidos y movimientos políticos, da grima. No se sabe que es más desalentador, si la forma deficiente como actúa, o el mal ambiente que tiene entre los colombianos.

Mientras no se logre dar un vuelco real y eficaz al origen de sus miembros, a sus funciones y competencias, para que realmente merezca el nombre que como organismo electoral tiene, nuestra democracia será precaria, deficiente y el sistema electoral dejará que desear.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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