Lunes 11 de Junio de 2018 - 12:01 AM

La amarga herencia del DAS

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En 1953, en el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, se creó el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC); en 1960, es decir, siete años después, como consecuencia de los excesos en que cayó tal organismo estatal durante la época rojaspinillista, fue reiventada dicha dependencia y mediante decreto de ese año comenzó a ser el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

En 2011, se suprimió definitivamente el DAS, sus funciones fueron reasignadas a varias dependencias gubernamentales, decisión que se tomó como consecuencia de la profusión de desbordamientos en el cumplimiento de las actividades en que cayó, de la ineficacia demostrada en las disímiles funciones que tenía a su cargo, de las conductas irregulares de funcionarios y directivos suyos. Durante su vida tuvo 26 directores en propiedad, uno de ellos terminó sentenciado a 25 años de prisión por poner la institución al servicio de narcotraficantes y otro está privado de la libertad, acusado de formar parte de la conspiración para asesinar a Luis Carlos Galán.

El DAS jugó destacado papel en la década de los años 80 del siglo XX en la lucha contra el narcotráfico y los narcotraficantes, pero quedó herido de muerte por las infiltraciones que la mafia logró hacer a su médula espinal.

Un pecado mortal del DAS fue tener a su cargo funciones disímiles, deficiencia de controles y el crear incentivos perversos para funcionarios suyos. Hacía inteligencia, contrainteligencia, investigación criminal, extranjería, certificados judiciales, protección personal, labores de Interpol, entre otras. Esa mixtura de labores fue la causa de aquello que dejó al Estado: la profusión de procesos judiciales en su contra.

En Despachos Judiciales cursan cerca de 1.100 procesos contra el Estado originados en hechos llevados a cabo por el DAS contra ciudadanos, bienes, buen nombre de personas, conductas irregulares, detenciones ilegales, interceptación ilícita de comunicaciones, fallas en su misión, reclamaciones laborales, reclamaciones administrativas, etc., cuyas pretensiones en dinero ascienden a cerca de un billón de pesos.

Esa pesada carga judicial lleva el Estado cargándola a rastras durante siete años y cada día aumenta el número de sentencias proferidas en su contra, que se deben pagar con dinero recaudado a los colombianos a través de impuestos.

Son dos las herencias nefastas dejadas por el DAS: la moral, que es sonrojante y la obligación de resarcir daños causados a terceros.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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