Martes 26 de Junio de 2018 - 12:01 AM

¿Nunca aprenderemos?

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El pasado domingo, cuando todo un país celebraba la magia del fútbol desplegada por la Selección Colombia en el Mundial de Rusia, una familia bumanguesa lloraba la muerte de un joven de 28 años, apuñaleado en medio de una riña en el sector conocido como “Cuadra Play”, en la capital santandereana. Esta riña, con un desenlace fatal, fue solo una de las 560 que registró la Policía metropolitana este domingo y que dejó, además, 10 personas heridas.

Es increíble que los colombianos no hayamos aprendido a celebrar en paz y que la violencia siga siendo la marca que acompaña a las celebraciones de los triunfos deportivos, que deberían unir a un país. Pero por el contrario, han sido muchas las veces en que tras una celebración nacional debemos enfrentarnos a un saldo de muertos y heridos.

¿Nunca aprenderemos como país a celebrar sin violencia? Según cifras publicadas históricamente por Medicina Legal, los días con mayores riñas y muertes en el país son el Día de la madre, las celebraciones decembrinas y el Día del amor y la amistad. Hay una directa relación entre la forma como resolvemos los conflictos interpersonales y la violencia. Es decir, que como sociedad no hemos aprendido a resolver los conflictos de una manera distinta a acudir a la agresión. Y si a esto le sumamos el consumo de alcohol, que culturalmente hemos vinculado a las celebraciones, sin que exista una sanción si quiera social al consumo excesivo, que es visto como algo “natural”, tenemos los componentes suficientes para que las celebraciones terminen en riñas, acrecentadas por el licor, y al final el país deba enfrentarse al recurrente balance de muertos y heridos.

A veces parece que haber vivido tantas décadas en un conflicto armado nos hubiera dejado una marca de violencia que nos negamos a dejar atrás.

Han sido varias generaciones en las que los colombianos aprendimos a “resolver” los problemas demostrando quién es el más fuerte. Y muestra de que la violencia está arraigada a nuestra cultura es el difícil camino que ha sido para este país trabajar en la reconciliación.

Pero tenemos que ser capaces de avanzar como sociedad. Es imperativo que desde los hogares, el colegio y hasta en los lugares de trabajo se enseñe que hay maneras distintas de resolver los conflictos y que abandonemos el estigma de ser una sociedad violenta.

Desde este medio creemos que es un camino largo, pero posible, e invitamos a todos los santandereanos a comenzar a transitarlo desde al día a día de cada persona.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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