Sábado 30 de Junio de 2018 - 12:01 AM

La crisis de Nicaragua

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Nicaragua es vecino nuestro. Con tal Estado Nación tenemos una frontera en común que ha generado aguda controversia no resuelta, en la que está en juego nuestra soberanía y jurisdicción sobre importantes extensiones en el mar Caribe y en su lecho marino. Por el bien de nuestro país y por el del pueblo nicaragüense, con cuya estructura estatal podemos civilizadamente hacer valer nuestros derechos como Estado soberano, anhelamos una Nicaragua democrática, estable, no un país sometido por un gobierno autoritario, obtuso, con tufo dictatorial.

Por eso protestamos por lo que allí ocurre desde el estallido popular que comenzó en el pasado mes de abril, por la tragedia que viven sus gentes en las calles de las ciudades nicaragüenses, por la represión desatada por las fuerzas armadas, las fuerzas policiales y grupos paramilitares contra ciudadanos que reclaman el derecho a expresarse y a protestar por el estado de cosas que padecen, a todo lo cual se suma la censura de prensa impuesta durante tal lapso.

El saldo de muertos, heridos, lesionados, detenidos por la represión desatada por el Gobierno de tal país emula con lo padecido allá en los momentos más oscuros de la nefasta dictadura somocista, amargo vía crucis vivido durante largas décadas del siglo anterior.

El gobierno de Daniel Ortega no da señales certeras de tener el propósito de cambiar su actitud represiva mientras las demostraciones de inconformidad popular crecen en las calles de las ciudades nicaragüenses.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), luego de visita hecha a Nicaragua y de verificar lo que allí ocurre, hizo 15 recomendaciones entre las que resaltan el cese inmediato de la represión, el garantizar las libertades de expresión, reunión y manifestación, desmantelar los grupos parapoliciales, pero nada de ello ha sido atendido por el gobierno Ortega y la espiral de represión sigue.

América Latina con amargura ve cómo esta nación hermana vive una tragedia, se hunde en la represión y la arbitrariedad y cómo se aleja la posibilidad de una salida pacífica, democrática, civilizada.

América Latina no puede haber superado la etapa de las oprobiosas dictaduras padecidas en el siglo pasado para hundirse en gobiernos autoritarios, represivos, sin futuro, como los de Venezuela y Nicaragua, mientras en tales naciones millones de seres padecen hambre, represión y un mañana sin esperanza.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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