Domingo 01 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Estamos perdiendo la lucha contra el consumo

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En las últimas semanas, hemos estado informando acerca de las amenazas que recaen sobre los menores y que han ido incrementándose en la ciudad y el área metropolitana de manera significativa, lo que debe llamar la atención de todos los responsables de la protección de estos jóvenes. La violencia intrafamiliar, los abusos y el comercio sexual, el empleo de niños en las redes del microtráfico, el trabajo infantil en el comercio informal son, entre muchas otras, las agresiones que están sufriendo los menores y que pareciera que comienzan a ganar irremediablemente su batalla contra las instituciones encargadas de resguardarlos.

Pero recientemente supimos de otra realidad preocupante: el consumo de sustancias psicoactivas está en franco crecimiento en Bucaramanga y en todo el departamento. No solamente crece el vicio del cigarrillo, que ya es un factor de enfermedad y muerte en el mundo, sino que aumenta el consumo de alcohol, marihuana y cocaína, entre otras sustancias.

El Observatorio de Drogas de Colombia acaba de denunciar que Santander es sexto en consumo de tabaco en escolares de 12 a 18 años, octavo en alcohol y cocaína, y décimo segundo en marihuana, en el ámbito nacional, lo que demuestra la gravedad de la situación que vivimos en cuanto a estas sustancias que hacen dependientes a las personas, en cualquier etapa de su vida, pero especialmente a los jóvenes.

La situación debería haber llamado ya la atención de las autoridades locales y regionales, puesto que el mismo estudio citado nos demuestra que en Santander ha aumentado el consumo de sustancias psicoactivas en jóvenes de 12 a 18 años y se encuentra, en algunos casos, por encima de la media nacional.

Al conocer una situación evidentemente grave como esta, era de esperarse que las autoridades como los gobiernos municipales y departamental, y entidades cuya misión es la protección de los menores, ya hubieran coordinado tareas, propuesto diagnósticos, sugerido estrategias y comenzado a actuar, pero lo cierto es que, además de las acostumbradas declaraciones de cajón, no ha habido hasta ahora una respuesta seria y clara, de parte de ninguno de los responsables.

Es urgente actuar, no tanto con represión, que históricamente ha demostrado su poca eficacia, sino con una propuesta educativa adecuada a las generaciones actuales para contener el avance de estas adicciones que no hacen sino exponer a los niños y los jóvenes a más peligros de los que ya tienen que enfrentar.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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