Miércoles 04 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Una preocupante realidad

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Esta semana los medios nacionales publicaron una preocupante noticia. El pasado 13 de junio, hubo un bombardeo de la Fuerza Aérea contra las disidencias de las Farc en Fortul, Arauca, que dejó 16 personas muertas. Días después se confirmó que de siete cuerpos identificados, cuatro correspondían a ciudadanos venezolanos. Los demás no han podido ser identificados.

Según refieren las notas de prensa, el rumor de que venezolanos desempleados están siendo contratados por grupos ilegales para incorporarse a sus filas empezó a crecer en esta zona del país. Estos grupos disidentes se están aprovechando de la difícil situación de los venezolanos que llegan al país y les ofrecen dinero a cambio de engrosar sus filas.

Lo que está sucediendo con la llegada de migrantes del vecino país es un problema de magnitudes preocupantes y, a pesar de la dificil situación, el Gobierno ha mostrado una pasividad apabullante.

Basta dar un recorrido por nuestra ciudad para observar, como lo hemos dicho tantas veces en este mismo espacio, que la llegada de venezolanos requiere de una política clara de atención, pues esta migración empieza a convertirse en un problema social. Más allá de una alcaldía que en forma bastante populista exhibe anuncios de bienvenida a los migrantes, no se percibe ninguna política seria de atención a esta población. Por parte de la Gobernación tampoco se ha conocido pronunciamiento alguno, a pesar de la dramática situación que se vive en la región, donde a plena luz del día se ven pasar venezolanos a pie, a lo largo de las principales vías santandereanas, como la carretera a Cúcuta o a Bogotá. Estas personas buscan principalmente emplearse en cultivos de la región o seguir su camino a otras ciudades.

Por supuesto que como nación fundamentada en principios de solidaridad y hermandad debemos dar la mano a unos ciudadanos que huyen de una dictadura infame que los ha condenado al hambre, el desarraigo e incluso a la desintegración familiar. Pero como país y región debemos ya tener clara una política de atención específica que no permita que esta migración se convierta en un problema social. Por ejemplo, muchos de los que se apostan en los semáforos de la capital santandereana son venezolanos, y esto es un medidor de lo que está sucediendo.

Cuando se ve la dolorosa realidad de Arauca, donde estas personas están engrosando las filas de los grupos armados ante la necesidad, se entiende que estamos ante una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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