Jueves 05 de Julio de 2018 - 12:01 AM

La paradoja del transporte masivo local

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Luego de varios aplazamientos, Metrolínea y el Área Metropolitana de Bucaramanga finalmente reconocieron que el proceso de integración del transporte, con el que se revivió el tránsito de los buses convencionales en la ciudad, no va a ocurrir en este año y ni siquiera en el primer semestre del próximo.

No solo molesta y preocupa la falta de seriedad de los responsables de este proyecto, que se planteó inicialmente como una ingeniosa, aunque coyuntural propuesta de solución al problema sistémico que afronta Metrolínea, y que es motivo de justificada preocupación para la ciudad.

En realidad, desde su inauguración el Sistema Integrado de Transporte Masivo, antes que una solución global, ha sido el origen de varios de los nuevos problemas que hoy enfrenta no solo la empresa, sino la comunidad en general. Para nadie es un secreto que financieramente Metrolínea no ha despegado, los problemas llegan a niveles de complejidad tan graves como las multimillonarias deudas por razón de laudos arbitrales perdidos en los estrados judiciales, los buses del sistema acusan deterioro que se traduce en accidentalidad creciente y contaminación del aire, el patio taller de Floridablanca acaba de perderse en otro pleito judicial y no hay cómo reemplazarlo, el mototaxismo y demás medios y formas ilegales de transporte crecen a la sombra del mal servicio y ahora, la primera estrategia de solución planteada por esta administración, comienza a diluirse y a ser motivo de desconfianza.

En una línea básica de análisis podemos ver que estos sistemas integrados se impusieron en el país como una manera de modernizar el transporte, lo que significaba sacar de circulación los viejos buses que congestionaban y contaminaban las ciudades; curiosamente la prueba del proyecto, que no debía pasar de unos pocos meses se extendió en el tiempo a más de un año y nos quedan por delante otros 13 meses antes de que se resuelva y mientras tanto, la circulación de los buses antiguos está en vías de legitimarse, bien sea porque hay integración y se les reconoce legalmente o no la hay y ya Metrolínea, de todos modos, los necesite para satisfacer la demanda de pasajeros. Esta es la paradoja que vivimos hoy: el viejo sistema de transporte, en lugar de haber desaparecido hace años, se plantea hoy como el salvador del nuevo sistema que, aún así, no parece tener cerca las épocas de bonanza prometidas.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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