Sábado 25 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Cavilaciones sobre la descentralización

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Avanzar en la construcción de un Estado Nación es complejo, lento, desalentador. Cada vez que, luego de saltar ene número de obstáculos, se logra dar un paso adelante, cuando se espera que las cosas mejoren y queden atrás vicios y trabas que nos ataban al atraso, la realidad nos muestra que aparecen nuevas barreras que implican un retroceso y, así, caemos en esa danza de dar un paso adelante y dos hacia atrás.

Eso ha ocurrido con la descentralización, reforma política que cuando se implantó se esperaba que tuviera grandes repercusiones, pues su filosofía era y es democratizar la vida pública local y regional y darle dinamismo a la economía de los entes territoriales. Implicó el otorgarles nuevas y atractivas funciones a los municipios y departamentos, aumentar sus ingresos, desarrollarlos como ejes de la vida nacional. Pero los resultados han sido amargos, poco se ha logrado y los vicios de nuestra democracia se han agudizado. La perspicacia de las “roscas” políticas hizo que rápidamente se percataran que era una mina de puestos en la burocracia, de contratos estatales y abría muchos espacios para favorecer a sus clientelas electorales.

Tamaño “ponqué” llevó a los “caciques” electorales a tomarse las administraciones municipales y departamentales, a dedicarse mañosamente a hacer elegir como alcaldes, gobernadores, diputados, concejales a familiares y a amigos que realmente son sus cómplices, y para ello piden avales en diversos movimientos y partidos políticos y así logran su propósito de permanecer en el poder, mientras sus faltriqueras se llenan de dineros mal habidos. El botín bien vale invertir en elecciones inmensas sumas de dinero y defender a dentelladas cada nicho de poder local logrado.

¿Qué hacer? ¿Acaso deben las cosas volver atrás y concentrar aún más el poder en Bogotá?

Ello sería torpe. Lo que se necesitan son rígidas reglas para acceder al poder local y regional e implantar severos medios de control administrativos y políticos. Desafortunadamente ello es fácil de decir y complejo de lograr, pues cualquier intento en tal sentido debe pasar por el Congreso y gran número de parlamentarios son los dueños del poder local y regional. Pero eso no debe asustar. Debe ponerse orden en las cosas antes de que el cáncer de la corrupción invada hasta la última célula de nuestro país.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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