Martes 04 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El caso de Barichara

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Si un lugar de Santander atrae las miradas de turistas y foráneos en general, colombianos y extranjeros, porque reconcilia con la vida y la naturaleza, con la armonía y el paisaje urbano, ese es Barichara. Por ello es un deber de amor con la región santandereana el proteger y preservar lo que representa, luchar para que tal lugar de disfrute siga simbolizando los más caros valores que como etnia tenemos.

Mas en Barichara, como en muchos municipios del país, un alto número de vicios y barreras para su progreso han aflorado con la descentralización administrativa del Estado y la gama de funciones puestas en cabeza de los entes territoriales, con el anhelo de que sean el eje de la vida y el desarrollo nacional.

La perspicacia y habilidad para lograr que triunfen las tretas en la política local llegaron a Barichara y mañosamente se volvió oficio el manipular para que buen número de contratos estatales se adjudicaran en licitaciones en las que participó un único oferente, usando para ello corporaciones sin ánimo de lucro, corporaciones y fundaciones “de papel”, cooperativas de trabajo asociado, todas malolientes.

Barichara es hoy un municipio donde la mácula de los vicios administrativos locales ha impedido que la descentralización administrativa sea un avance. Allá ha sido el vehículo apto para volver el erario un coto de caza de propiedad de políticos de poca monta y malas costumbres, a quienes como administradores de la cosa pública poco o nada les ha importado el porvenir de su tierra natal, el progreso de la comunidad, y se han dedicado a hacer malabares para que campee su rapacidad y egoísmo.

Para ellos la política no es la tribuna para el progreso regional, sino la herramienta ideal para llenar sus bolsillos de dineros mal habidos y luego, manipulan los procesos penales para volverlos trampolines de impunidad.

Algo debe decírsele a las gentes de Barichara: la corrupción anida en los municipios sobre los lomos de alcaldes, concejales y administradores mañosos que llegan a tales dignidades elegidos por votantes que actúan sin conciencia al sufragar. Para que un municipio se vuelva nido de “roscas” políticas, clientelismo y vicios administrativos, es necesario que haya electores sin amor por el lugar donde viven. Es necesario que las autoridades empiecen a mirar y dar resultados sobre lo que ocurre en Barichara.

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Publicada por: REDACCIÓN EDITORIAL
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