Domingo 14 de Octubre de 2012 - 10:25 AM

La otra realidad de los adictos a las drogas en la ciudad

¿Cuáles son las opciones en materia de prevención, reducción de daños por el consumo y los tratamientos para los adictos en la ciudad? Víctimas, organizaciones sociales, expertos y autoridades locales afirman que existen programas importantes pero se trabaja de forma desarticulada.

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Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
La otra realidad de los adictos a las drogas en la ciudad
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Más de una noche Mónica* vio a su hijo Jesús* de 12 años sentado con sus amigos en las esquinas del barrio fumando marihuana. Ella nunca pensó que esto trascendería.

Hace algunos meses la llamaron y le dijeron que Jesús, hoy de 22 años, había sido capturado por porte ilegal de armas y hurto calificado en una población de Sucre, después de haber participado en un fleteo y de herir de gravedad a su víctima.

Esta madre asegura que pagó tratamientos entre los 300 mil y 2 millones de pesos, que vinculó a su hijo a grupos juveniles y a iglesias cristinas, que le compró una motocicleta para que trabajara como mensajero e incluso, pensó sacarlo del país, pero nada sirvió. “Hasta pensé en comprarle la marihuana o el ‘perico’ para que lo consumiera en la casa y no se expusiera a la delincuencia”, expresa esta mujer.

Con el dinero que gastó en medicinas y terapias, comenta, le hubiera podido pagar una carrera universitaria a su hijo, y llegó a la conclusión de que lo poco que existe en la ciudad en materia de atención es muy precario. “Me cansé y decidí internarlo, dejarle el problema a los médicos, pero de allí se voló y cuando volví a saber de él estaba preso”, añade.

El drama de Mónica es el que comparten cientos de familiares y de personas adictas a las sustancias sicoactivas en Bucaramanga que lo han intentado todo y que han perdido la batalla.

Según los expertos consultados por Vanguardia Liberal, mientras en Cúcuta, Pereira y Bogotá se piensa en la creación de centros de atención y de suministro de droga a la población adicta y se habla de la entrega de jeringas a los adictos a la heroína para evitar la propagación del Sida y la hepatitis B, en Bucaramanga los esfuerzos se dan de forma aislada y no bajo una política pública que le garantice al adicto un tratamiento y oportunidades laborales para no volver a caer.  

Búsqueda activa de adictos

La experiencia adquirida durante años y las historias de madres como Mónica han llevado al padre Manuel Jiménez Tejerizo de la Fundación Niños de Papel, a replantear la labor en materia de atención a la población infantil y juvenil adicta a las drogas.

Para el popular padre Manolo el problema de las drogas debe solucionarse desde el punto de vista médico y de salud pública. Es por eso que desde hace varios meses, junto a su equipo interdisciplinario de profesionales, le apuesta a la creación de un programa enfocado en la búsqueda activa de la población adicta.

El programa consiste en detectar el problema desde sus inicios, enseñar y  manejar los problemas de drogadicción desde que el joven comienza a consumir. “Lo que queremos es frenar ese proceso, porque el costo y la dificultad se incrementan en la medida en que el proceso avanza”, explica el padre Manolo.

La búsqueda activa abarca a la población joven de todos los estratos, que están inmersos en problemas de pandillas o en actos delictivos. Una vez garantizado el proceso, el padre Manolo asegura que se trazan rutas a seguir, que incluyen un diagnóstico de cómo está el niño, el adolescente o el adulto adicto.

“El diagnóstico define el problema del adicto y cuál es el énfasis que existe para su mejoramiento. A lo mejor lo que le sirve es ingresar a una unidad de desintoxicación o hacer parte de un sistema ambulatorio. Si la persona no tiene remedio, se debe trabajar en reducir el daño en un centro de apoyo”, comenta este experto.

No obstante, el padre Jiménez expresa que no se puede trabajar de forma desarticulada, que se necesita articular redes internas y externas con la Alcaldía de Bucaramanga, las clínicas siquíatricas, las entidades prestadoras de salud y las autoridades.

“Para mí la política tiene que decidir cuáles son los perfiles de los adictos que deben atenderse con más urgencia. En Bucaramanga no se han establecido prioridades y la prioridad no puede ser la seguridad ciudadana. Un problema es que esto hace parte de un sistema de salud, y mientras más se tarde el Gobierno en tomar decisiones, más se incrementa la problemática y más se van a incrementar los costos”, concluye el padre Jiménez Tejerizo.

¿A qué le apunta la ciudad?

Sandra Serrano, sicóloga y experta en el tema, asegura que en Bucaramanga se trabaja de acuerdo a la política nacional para la reducción del consumo de sustancias sicoactivas, que trabaja en los ejes de prevención, mitigación y reducción de daño y los tratamientos para los adictos.

Sin embargo, las propuestas se trabajan de forma aislada y los tratamientos no son apoyados por el Gobierno. “Para una familia de bajos recursos, que casi siempre son las que tienen estos problemas, es muy difícil pagar una mensualidad de 500 mil pesos, que es lo que cuesta casi siempre”, explica la experta.

Para Serrano, el consumo no se da de manera aislada, es un flagelo asociado a pandillas, la delincuencia, la violencia intrafamiliar y la falta de oportunidades culturales y laborales. A esto se le suma muchas veces la exclusión de los niños y jóvenes adictos de las escuelas.

El concejal Jaime Andrés Beltrán asegura que no hay salidas claras frente al drogadicto de la ciudad. Según el edil, se abren hogares de paso, se les regalan zapatos, se les baña y se les da de comer en actividades recreativas, pero ellos asisten y luego se van a consumir.

“La solución es brindarles un proceso de acompañamiento. Se debe conseguir un lugar fuera de la ciudad donde esta persona trabaje dentro del campo, viva un proceso de desintoxicación y luego tenga alternativas laborales para salir de su problema”, expresa Beltrán.

El concejal añade que el consumidor activo es el que está más propenso a delinquir. Es por esto que se deben trabajar procesos alternos como la teoterapia.

“En las comunas 1,2 y 14 hemos ayudado a los jóvenes a salir de las drogas por medio de talleres, el deporte, y las terapias por medio de la fe. Algunos hoy día son líderes y nos ayudan con los que siguen en las drogas”, comenta el edil.

Claudia Amaya, secretaria de Salud Municipal, asegura que el municipio cuenta con el Comité Local de Drogas que reúne a las autoridades locales, clínicas siquiátricas, organizaciones sociales, representantes de las secretarías de Desarrollo Social, de Salud, del Interior, Cultura y Educación, así como representantes de la Gobernación de Santander que monitorean el tema.  

“Tenemos identificado que la comunas 1, 2 y 14 es donde se presenta mayor consumo de drogas, pero se debe adelantar un nuevo estudio para conocer en realidad la población que es afectada por este flagelo”, expresa Claudia Anaya.

“Como municipio garantizamos las actividades de promoción y prevención. Los tratamientos terapéuticos, el manejo farmacológico y sicoterapéutico, que son actividades de mediana complejidad, le competen a la Secretaría de Salud Departamental”, añade Anaya.

*Nombres cambiados a petición de la fuente.

Menores infractores

Las secretarías de Salud y del Interior del municipio trabajan en la creación de un centro de atención para los menores infractores. “Muchos de los menores detenidos son farmacodependientes. La idea es que no vayan tras las rejas sino que ingresen a un lugar que tenga las condiciones para ser atendidos como adictos y sean guiados por profesionales”, concluye la secretaria de Salud, Claudia Amaya.

¿Y el habitante de calle?

John Carlo Ortega Parra, director de Hogares Shalom, asegura que los habitantes de calle necesitan más apoyo, pues muchos de los adictos que son atendidos por su institución, a pesar de contar con familiares que los pueden ayudar a llevar un tratamiento adecuado, son abandonados en el Hogar. “No podemos dejar de lado la atención de estas personas. Por esto, asumimos los gastos, pero es difícil trabajar sin tener recursos económicos”, asegura Ortega.

A pesar de que se establecen convenios de corta vigencia con la Administración Municipal, Hogares Shalom sigue trabajando y recibe donaciones en especie y en dinero, así como el pago que hacen las familias de algunos de los adictos allí recluidos. Sin embargo, “necesitamos más apoyo para ayudar a salir adelanta a todas las personas que recogemos de la calle, especialmente”.

Desde diciembre pasado Hogares Shalom no recibía apoyo por parte de la Administración Municipal. El pasado 28 de de agosto se firmó un convenio de apoyo que se extenderá hasta el 29 de diciembre, que consiste en entregar ayudas a 80 habitantes de calle recluidos en este centro.  Las ayudas van desde la entrega de artículos para el aseo personal y el pago del alojamiento, hasta la donación de $58 mil pesos por persona, para la comprar un conjunto de ropa de vestir e interior, y un par de zapatos.  Esto último se entregará a final de año.

En promedio, la institución invierte entre 350 y 500 mil pesos en la atención a un adicto, la mayoría de las veces llevado por la Alcaldía. “Por cada habitante de calle nos entregan el 30% de los recursos. Nosotros nos encargamos del apoyo sicológico, de la terapia ocupacional, del tema de la salud y todo lo relacionado con los tratamientos para que ellos se alejen de las drogas. Hemos adelantado brigadas con la Policía, buscamos a las familias de los habitantes de calle y logramos que se encarguen de los tratamientos, pero no siempre lo hacen”, explica el director de esta institución.

DATO

* 12 años es la edad promedio en la que un joven inicia su consumo de drogas y alcohol en Bucaramanga.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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