Jueves 18 de Octubre de 2012 - 09:12 AM

El mercado negro de los libros ‘piratas’ en Bucaramanga

Libros con mala impresión, portadas casi idénticas a las originales pero con párrafos borrosos y hasta con faltantes de páginas, son los que se ofertan en casetas, papelerías, andenes y semáforos de la ciudad. Abundan las fotocopias de obras literarias y científicas en centros de copiado frente a las universidades y colegios, violando lo estipulado por la ley.

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Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
El mercado negro de los libros ‘piratas’ en Bucaramanga
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Algunos locales con las puertas abiertas y entreabiertas. Unas cuantas mesas en los pasillos ofertando libros de segunda. Son las 10:00 de la mañana y un grupo de comerciantes ubicados en la calle 42 están al borde de la desesperación por lo solitario que se encuentra el lugar.

Hombres y mujeres miran televisión y limpian el polvo de los anaqueles donde reposan hileras de libros de toda clase de temas, mientras uno más arriesgado, se pasea por el andén atrayendo clientes con obras  del nobel Gabriel García Márquez en sus manos.

“Cien años  de soledad, La Hojarasca, Vivir para contarla… ¿Cuál quiere?”, repite el vendedor a todo el que por allí transita.

“¿Libros de superación personal? Paulo Cohelo, se lo tengo bien barato… ¿Pasta dura o blanda? ¿Original o económico? ¿Qué desea?”.

El hombre no se cansa de ofrecer en voz baja sus libros hasta que una mujer le presta atención y le solicita uno de García Márquez: “Busco el General en su Laberinto”, el de la editorial Oveja Negra y que tiene la fotografía de la hamaca en la portada”.

El hombre saca una silla y le dice a la mujer que espere mientras él lo trae de otro local. En menos de cinco minutos llega con una caja y varios ejemplares. Además del libro solicitado, cuya versión es de segunda, le trae dos versiones más. Una de pasta semidura y hojas blancas y otra de pasta de cartulina y hojas de papel periódico.

Inicia la oferta: “El original le vale $20.000, el de pasta semidura $8.000 y el de papel periódico se lo dejo a $4.000. ¡Son precios para que los lleve!”, expresa el vendedor.

La mujer alza la mirada y se dirige a los anaqueles a detallar qué otras obras hay para la venta. Por los títulos y textos exhibidos no pare que ahí se oferten libros ‘piratas’. La mayoría de los que están para la venta son usados, forrados en plástico transparente.

La mujer quiso otras obras de Germán Castro Caycedo, Héctor Abad Faciolince y Mario Vargas Llosa; incluso, un libro de inglés para niños. En varias oportunidades el vendedor salió de su negocio a buscarlos a un local que estaba clausurado, ubicado en el mismo pasillo.

“¿Por qué va hasta el otro local a traer el surtido?”, pregunta la compradora. El comerciante responde: “Allí tengo mi bodega, tranquila. ¿Cuál va a llevar?”.

Al momento se suma otro comprador, quien al ver al hombre ocupado, prefiere buscar los textos en el local del frente. También busca obras de Gabo y se encuentra con una oferta amplia, ya que además de ofrecer obras del escritor colombiano, también se hay textos ilustrados, incluso, fotocopiados de distintos tamaños, cuyas páginas al pasarse se desprenden del lomo.

Los dos clientes ingresaron al lugar argumentaron que lo visitan con frecuencia, porque los libros son más económicos. A pesar de no mostrar el tipo de ejemplares que habían adquirido, aseguraron que llevaron los libros originales de segunda. En total, invirtieron $40.000 en cinco ejemplares.

Lucha contra la ‘piratería’

En lo que va corrido del año el Grupo Investigativo de Delitos contra el Patrimonio Económico de la Sijín de Bucaramanga, ha incautado más de 100 mil libros ‘piratas’ en distintos operativos adelantados en el centro de la ciudad, zona donde el comercio de este tipo de textos cada día cobra más fuerza.

En la última operación denominada ‘Papiro’, los investigadores incautaron 2.417 libros no originales, avaluados en 80 millones de pesos, y capturaron a cinco personas dedicadas a la venta de este material.

Las autoridades locales aseguran que en Bucaramanga este tipo de piratería no se presenta de la misma manera que en Bogotá, Medellín y Cali, ciudades en las que existen estructuras delictivas dedicadas a la fabricación y distribución de libros copiados.

“Hemos identificado que los vendedores los mantienen escondidos en bodegas cercanas a sus negocios y sólo los muestran cuando el cliente los solicita”, asegura uno de los investigadores de la Sijín.

“El fenómeno de la ‘piratería’ se incrementa especialmente en diciembre, enero y febrero, cuando las familias compran los textos escolares. Sin embargo, la venta de libros de este tipo se ve durante todo el año. No se salva ningún autor, todos son copiados”, añade el experto.

Según la Dijin, Bogotá ha sido catalogada como el principal centro de reproducción de este material ‘pirata’, especialmente de libros que “están de moda” y de los que son llevados a la televisión o el cine. Sin embargo, el Algebra de Baldor, los libros de superación y los escritos por los exsecuestrados, son los más pirateados en Colombia, según esta institución.

Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú hacen parte del listado de los 30 países con mayores niveles de piratería del mundo, según el Departamento de Comercio de Estados Unidos. Por su parte, la Cámara Colombiana del Libro señala que al año la industria editorial de nuestro país pierde cerca de $289 mil millones por este fenómeno. La entidad afirma que “no basta con los golpes que den las autoridades a las bandas dedicadas a la falsificación de libros”, se necesita “mano dura” desde los estrados judiciales para que la piratería sea vista como un delito de “peso”.

Manuel José Sarmiento, experto de la Cámara Colombiana del Libro, asegura que Colombia tiene libros para todos los gustos, pero hace falta mayor promoción y acciones por parte del Gobierno Nacional.  “No podemos seguir excusando a la ‘piratería’, diciendo que no se pueden comprar libros originales porque son costosos. El Gobierno tiene la responsabilidad de dictar las condiciones necesarias y contrarrestar la ‘piratería’”, añade Sarmiento.

¿Y las fotocopias?

“Como dice la parábola, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Todo el que pasa por esta zona saca fotocopias, desde una cédula hasta textos completos en inglés de medicina e ingeniería. Es más barato”.

Esto afirma el dueño de una papelería ubicada en los alrededores de la Universidad Industrial de Santander, UIS, cuyo local no cuenta con lo exigido por el Decreto 1070 del 7 de abril de 2008 o normatividad de derechos de autor: la licencia expedida por la Sociedad Colombiana de Derechos Reprográficos CDR, que representa los intereses de los autores y editores de libros.

Según el comerciante, es de conocimiento público que está prohibido sacar fotocopias de un libro sin la autorización expresa de su autor, pero, como también es sabido, “las personas que sacan fotocopias nunca piden autorización a los autores”.

Consciente de lo que ocurre en los alrededores del alma máter, la Sijín desarrolla operativos masivos para contrarrestar este flagelo, pasando por las fotocopiadoras pequeñas hasta las grandes papelerías.

“La gente vive en la cultura de la ilegalidad. Hay que crear la cultura de la compra legal de libros, pero si esto es lo que se ve en las afueras de las universidades privadas y públicas, así como en los colegios, es difícil”, argumenta un de los miembros del Grupo Investigativo de Delitos contra el Patrimonio Económico de la Sijín.

Además del barrio La Universidad, los uniformados desarrollan operativos en la calle de los estudiantes y las afueras de los colegios de Floridablanca, lugares donde la copia es pan de cada día.

Voz del experto

Manuel José Sarmiento, cámara Colombiana del Libro: "Hemos evidenciado que el delito de la ‘piratería’ no se desestimula, que no existe una investigación propia por parte de la Fiscalía. Si la Policía no lleva el caso hasta los estrados judiciales, poco se hace.

A esto se suma lo que está pasando con la publicación de textos sin autorización en Internet, territorio virgen e inexplorado por las autoridades. Creemos y sabemos que el futuro de nuestra industria es el ‘ebook’, pero sin el compromiso de las autoridades judiciales el porvenir no es claro.

¿Qué dice la ley?

Según la Ley 98 de 1993, que se refiere a la democratización y fomento del libro colombiano, “todo establecimiento que ponga a disposición de cualquier usuario aparatos para la reproducción de las obras de que trata esta Ley (libros, textos didácticos, y revistas científicas y culturales) o que efectúe copias que sean objeto de utilización colectiva y lucrativa, deberá obtener autorización previa de los titulares de los derechos correspondientes a tales obras, bien sea directamente o bien mediante licencia otorgada por la entidad de gestión colectiva que designe para tal efecto la Cámara Colombiana del Libro.

* $289 mil millones, aproximadamente, pierde la industria editorial colombiana al año por la piratería de libros, según la Cámara Colombiana del Libro.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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