Martes 23 de Octubre de 2012 - 04:44 AM

Mi experiencia en un centro de erotismo de Bucaramanga

Hombres, mujeres y parejas se entregan desnudos a las manos de alguna de las cuatro mujeres que trabajan ayudándoles a descubrir el erotismo, en un centro de la sensualidad en Bucaramanga. Allí, los cuerpos se desinhiben al placer y sin tabú descubren los secretos con los que se puede disfrutar más del sexo. Esta fue mi experiencia.

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Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Mi experiencia en un centro de erotismo de Bucaramanga
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Ingreso a un cuarto que tiene velas pequeñas amarillas, rojas y blancas encendidas. Un velo cuelga del techo al piso. Una sábana blanca aguarda en el suelo con cojines y piedras brillantes de muchos colores. Suena música hindú. Me quito la bata, quedo de pie y desnuda. Doris está detrás de mí y comienza a pasar sus manos por mi espalda, por mis nalgas y mis piernas. Muy despacio vuelve a subir sus manos por mi cuerpo hasta la cabeza. Me quita la moña; roza y acaricia mi pelo. Se para frente a mí y con sus manos y uñas acaricia mi cuello y mi pecho.

-Olvídate de todo. No pienses en nada y respira profundo, susurra a mi oído. Entonces lo intento, trato de respirar muy despacio.

-Siéntate.

Estamos sobre la sábana blanca. Me envuelve el calor del lugar, el olor a sándalo y los destellos de las velas. Doris me mira fijo y con un tono suave, dice:

- Lo más importante es lo que tú sientas. No te olvides que pensando en cómo se siente el otro, te olvidas de lo que quieres tú. Necesitas primero sentir, para que luego puedas transmitir eso. Respira profundo.

Estoy en un centro de erotismo de Bucaramanga, en el que Doris Rivera, sicóloga y directora del sitio, recibe a hombres, mujeres y parejas, para despertar en ellos los cinco sentidos con los que se puede mejorar el encuentro sexual. La idea de este centro, en el que además trabajan cuatro mujeres más, es enseñar a quienes acuden a descubrir su propio cuerpo y sus sensaciones, para luego trasmitirlo en los encuentros de pareja y aprender a disfrutar del sexo.

Las manos de cada una de las guías que allí trabaja se convierten en caricias; las palabras en susurros, los olores y sabores en pasajes a distintos lugares.

Quienes se entregan a las manos de una de estas mujeres capacitadas en cultura erótica Maya, de la China, de la India, de Hawaii, de Europa y de América, deben desnudarse. Pero ellas no, solo se acercan en vestido de baño. Son las únicas que tocan y dejan en claro que no habrá contacto con los genitales.

Algunos de los hombres buscan a Doris, porque han olvidado cómo seducir a sus parejas. Otros, hombres mayores, atrapados en la creencia de que ya están viejos para el placer, han llorado ante ella luego de volver a sentirse vivos.

Doris insiste en que saque de mi mente cualquier pensamiento, pero en mi cabeza hay una melodía ajena a la música hindú, las deudas pendientes y la congestión de la calle. Todo se mezcla e intento concentrarme en cada sensación que llega a mi cuerpo.

Ella se impregna las manos de un aceite que huele a naranja. Me pongo boca abajo, estiro los brazos y ella masajea los dedos de mis pies, uno por uno. Continúa hasta mi cóccix, se estaciona allí. Por fin me voy relajando, me dejo llevar.

“Con las parejas se vive una experiencia muy buena. Nosotras las guiamos, para que la pareja sea la que haga los masajes, se toquen, sientan. Las mujeres son más celosas, porque es otra mujer la que está en ese momento enseñándoles a explorar”, dice Doris.

Pasa su muslo derecho por mi espalda, resbalándolo, se devuelve y vuelve a resbalar. Se acerca a mi cara y sopla suave en mi cuello. Presiona sus piernas en mi cadera. Sus manos empujan firmes mi espalda. Su brazo se precipita sobre el mío. Toma mi mano y la acaricia.

-Lo más importante es que creas que eres una mujer bella, que le gusta y disfruta del placer. Tú eres lo más importante.

Gira su cabeza y su cabello cae sobre mi cuerpo con suavidad. Batiéndose, va y viene, despacio, sin afán. Sonrío, tengo los ojos cerrados, los abro y los vuelvo a cerrar.

-Voltéate. Susurra en mi oído.

“Si una pareja quiere tener sexo, una, dos o más veces en un día, no está mal. Si la mujer es activa y lo pide y dice que le gusta y su pareja lo sabe, está bien. No por ese deseo sexual la mujer es ninfómana, puede tener más testosterona que otra, o simplemente expresa lo que siente”, manifiesta Doris.

Claro, los hombres tienen más testosterona, la hormona sexual, la que impulsa el deseo de tocar, probar, oler, mirar, la que conecta también a las mujeres con su lado más carnal.

“A ellas también les han dicho que no se toquen. Que es el hombre el que debe pedir. Se educa mal sobre el sexo”, recalca Doris.

Trae hielo y con este hace círculos en las plantas de mis manos y alrededor de mi ombligo. Lo desliza despacio, siento calor y un toque de frío. Luego disfruto del aroma del aceite que vuelve a caer en mi tórax.

Toma un velo rosado y lo desliza sobre mí varias veces. Retira con suavidad la tela. Entonces mi piel se eriza. Frota sus manos varios segundos y posa sus manos calientes sobre mis rodillas y la parte alta de mi pelvis. Respiro profundo para hacer que este calor rodee todo mi cuerpo.

Doris llega a mi rostro. Toca mi nariz, mis ojos, mis pómulos, mi frente con su dedo índice, luego el pulgar, el corazón y el anular. Pasa sus uñas sobre mis labios. Los estira suavemente. Se encuentra con mis orejas, frota mi lóbulo con sus dedos. Un dedo ingresa al pabellón de mi oído, y se devuelve.

Sus manos presionan mi cuero cabelludo y siento que mi pelo es largo, porque lo toca desde su raíz hasta la punta. Doris vuelve a tomar con fuerza mi cabeza. Me transporto, me dejo ir, seguro que mi cuerpo en ese momento no pesa.

“Estar rozagante, activa y revitalizada. Eso es lo que deja el buen sexo ¡y es tan importante para la vida! Hace que se esté más concentrado en el trabajo, con los cinco sentidos puestos en cada cosa. Porque se empieza a captar todo de una forma diferente. Las cosas empiezan a fluir mejor. Las personas se empiezan a arreglar más. El buen sexo es sin morbo. Es amar y querer el cuerpo”, dice Doris que alza mi cuello, lo gira a la derecha, luego a la izquierda.

Ha pasado una hora y media. Abro los ojos y veo el rojo intenso de las paredes más rojo, sintiendo en cada fibra de mí el calor de las velas, cobijada por el placer que no se ha ido. No me quiero levantar, la sonrisa regresa. Y no queda más que decir que es un gran preámbulo para llegar a tener el mejor sexo de la vida.

 

La sexualidad y sus culturas

La sicóloga, Doris Rivera, describe la cultura erótica de China como la búsqueda de canalizar las energías, para lo cual se enfoca en encontrar el máximo de relajación en momentos de estrés. “Las personas que piensan mucho en el futuro se tensionan más”, señala y recomienda, entonces, un masaje erótico con mucha presión en los músculos, utilizando los codos y pies.

La cultura erótica americana está basada más en la imagen que representa el hombre y la mujer; su estética y belleza para atraer al otro con seguridad. “Es buena una terapia en la que se cuidan el cabello, se arreglan los pies. Se pueden olvidar de si son gordos o gordas en un acto sexual”, aclara.

El erotismo europeo busca la utilización de la comida para sentir placer, por eso, se vale de una copa de vino o unas fresas para estimular el sentido del gusto. En la sexualidad Maya se cambia la rutina, los prejuicios sobre la intimidad en el cuarto y la cama, por experiencias en nuevos escenarios. “Este erotismo permite un cambio, que las personas busquen espacios en la naturaleza”, dice la experta.

La pérdida de la confianza y las depresiones pueden envolver a alguien en un mundo de soledad, es así como mediante la sexualidad hawaiana se “logra aceptar el pasado, lavarlo, entenderlo y perdonarlo”.

Con esta cultura es oportuno sentir el movimiento de las olas del mar, por eso se recomienda experimentar con agua y un masaje de brazos y antebrazos. Hernán Hernández, estudioso del tantra y la física cuántica, manifiesta que cuando se domina la mente y el cuerpo se domina el placer y en la interacción de pareja se logra el éxtasis. “Se prolongan las sensaciones y se piensa en la pareja, sin sexo egoísta. Son largas sesiones con los chacras para tener acceso a niveles de felicidad”. Esto hace referencia a parte de la cultura erótica Hindú.

 

'Los centros eróticos son válidos'

El sexólogo, Agustín Herrera de Arcos, señala que en países de Europa hay centros eróticos, y en Colombia, Bogotá, Medellín y Cali son las ciudades que han experimentado con estas propuestas. Considera que estos sitios son sanos y muy válidos, desde que se visiten con el consentimiento de ambos en una pareja. Al igual, sin son dirigidos por un sicólogo, porque una persona en estado de depresión o ansioso puede recibir información deficiente y “la medicina resulta peor que la enfermedad”.

Sobre la aceptación de culturas eróticas de regiones ajenas a la nuestra, Herrera de Arcos explica:“No podemos importar a la ligera conductas de aprendizaje que se hacen en otros continentes, ni pretender creer que eso es lo mejor, cuando estamos en una medio colombiano, con una historia y una etnia social”. Por eso, señala que la persona certificada que abra un centro de erotismo debe ser, ante todo, un educador de la sexualidad.

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Publicada por: Sully Catherine Santos H.
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