Martes 21 de Enero de 2014 - 07:51 PM

El nostálgico adiós al Mesón de los Búcaros

Propietarios, empleados y clientes del emblemático lugar recordaron los ‘años dorados’ de este establecimiento y expresaron la tristeza que les produce saber que no funcionará más.

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Llegaron con algo de sueño a la cita. Solo habían dormido cuatro horas, pues la madrugada del pasado lunes los alcanzó tratando de despedir a los clientes que se resistían a partir de su “negocio amado”, el Mesón de los Búcaros.

María Victoria y su hermano Víctor son quienes tuvieron la titánica misión de conservar uno de los negocios más emblemáticos de Bucaramanga. Los herederos del mayor tesoro del afamado paisa, don Víctor Yepes Cadavid, los encargados de guardar en este negocio los mejores recuerdos de los santandereanos y visitantes desde 1956, y a quienes hoy se les quiebra la voz al mencionar que ya no habrá más servicio.

María Victoria asegura que desde hace más de un año hizo el duelo, que lloró lo que tenía que llorar y clausuró el tema para siempre en su casa. Pero pasados tres días de celebración, de abrazos, de lágrimas, de anécdotas y de miles de brindis para despedir al ‘Mesón’, su tristeza se acentúa y revive, como un viejo amor que nunca se ha borrado en los sueños ni en el corazón.

Víctor es pausado al hablar. A veces, tal vez por su tristeza, se queda corto en sus palabras. Se levanta de la mesa y contesta el teléfono, imparte órdenes a Humberto Bohórquez, uno de los empleados legendarios del negocio, recibe a los curiosos que aún preguntan qué pasará con el restaurante – bar.

Por su parte, María Victoria afirma que su familia queda agradecida con el pueblo santandereano, por llevar en sus recuerdos al establecimiento.

Fiel a la tradición

Mientras contiene las lágrimas, atiende a la clientela, sirve las mesas y pone a sonar canciones del ayer, José Antonio Camacho Pinto, quien cumplió 32 años de labores en el Mesón de los Búcaros, recuerda que al llegar de Mogotes, Don Víctor le abrió las puertas de su casa y lo convirtió en lo que fue hasta hoy: uno de los administradores del lugar.

Cuenta que empezó barriendo y haciendo oficios varios en la casa de la familia Yepes y que al llegar a los 16 años, Don Víctor lo trajo al negocio para que “aprendiera algún oficio”.

Mientras repasa en sus recuerdos, una mujer se acerca y lo saluda. Le cuenta que fue en este lugar donde su esposo le pidió matrimonio y que gracias a las deliciosas copas de helado y las malteadas que se ofrecían, fue que su amor perduró.

José Antonio se ocupa atendiendo a la clientela. Algunos visitantes frecuentes se acercan y cuentan que han venido a tomarse fotos con sus nietos, a disfrutar de una última ‘picada Mesón’, un plato emblemático del restaurante.

Las palabras de muchos clientes han servido de aliento para José Antonio.

“Un cliente muy querido, Mario Contreras Sánchez, me dijo que aquí lo único que no nos une es la sangre, pero somos una misma familia. Estas palabras en realidad me han tocado el alma”, dice este trabajador del lugar.

Claro, según agrega José Antonio, no ha faltado el que los visitó para levantarles el ánimo y hacerles unas cuantas bromas: “Oiga José, ¿ya pensó qué va a hacer mañana?”. Me dio risa, pero la parte triste es que las 22 personas que laborábamos acá, todos quedamos desempleados”, dice este hombre.

Más recuerdos

Víctor Yepes recuerda que en sus época de niño eran muy pocos los negocios y las viviendas que existían en la zona.

“Mi papá abrió el negocio frente a un potrero. Lo compró junto con otros socios y luego pasó completamente a sus manos. No olvido la famosa caseta ‘La Matecaña’, que traía orquestas y hacía toda clase de eventos en épocas de ferias y algunos fines de semana. Este punto siempre ha sido importante en Bucaramanga”, comenta Víctor.

Y es que en esta zona no solo creció el Mesón de los Búcaros. Varias fincas y lagos que existían desde siglos atrás como la afamada finca San Alonso y el lago de los hermanos Alarcón, se extinguieron para darle paso al desarrollo vial y urbanístico de la ciudad. Ahora el turno es para el Mesón de los Búcaros, situación que los hermanos Yepes no desconocen, pero que les cuesta aceptar, debido al inmenso amor que sienten por el negocio de su familia.

María Victoria asegura que pensaron en trasladarlo, en buscar un lugar cercano para no acabar la tradición, pero no lo lograron.

“Pedimos la licencia de funcionamiento, pero nos fue negada. Solo nos la daban para el restaurante y no para el bar, y la principal actividad de aquí es el consumo de licores. No vamos más. Estamos vendiendo todos los muebles y todo lo del local, si alguien está interesado”, comentó la antigua propietaria. 

Víctor agrega que a pesar del paso del tiempo y de la apertura de nuevos negocios, el Mesón siempre se mantuvo, pues trabajaban con la filosofía de su padre. “Para él lo importante era la atención al público;_se hacía lo que el cliente decía. Esto nos deja aún más tristes, porque nos tocó acabar un negocio que seguía en apogeo”.

“Mi papá lo llamó así porque era un mesón de servicio a los búcaros, a los de Bucaramanga. Este lugar siempre ha permanecido bien durante sus ventas”.

“Hasta siempre”

En la memoria de los bumangueses quedará el tradicional ‘cochinito’, un plato a base de salchichas que a pesar de haber salido de la carta del Mesón de los Búcaros desde hace años, aún era ordenado por la clientela. Los primeros helados de copa, las tardes con mariachis, los encuentros con amigos antes de ir a la universidad y el trabajo, las madrugadas y las amaneceres, al ritmo de canciones de antaño.

“Aquí fue donde me tomé por primera vez, a mis 14 años, un coctel Tom Collins. Me llevó mi hermano, porque no me dejaban salir sola”, dice una mujer que llega a despedir a los hermanos Yepes.

“Hasta aquí me traía mi papá a comprar las boletas de toros y de fútbol. A veces mi familia venía en época de fiesta y no les importaba. Se sentaban hasta en las cajas de la piña y del tomate”, comenta otro de los clientes del lugar.

“Espero que lo derriben pronto y que la obra vial que piensan hacer, la construyan en el tiempo esperado. Lo último que me imagino es que el local quede abandonado y que se convierta en el hogar de los habitantes de calle, después de todo el trabajo que hizo mi papá”, concluye María Victoria Yepes.

Paso al desarrollo

Antes de que finalice enero, según la Alcaldía de Bucaramanga, se dará inicio a la demolición de varios establecimientos y parte del terreno de la Escuela La Normal, para arrancar con la construcción del intercambiador vial de la Carrera 27 con Avenida Quebradaseca.

Esta obra, que hace parte de las diez que se incluyeron en el Plan Maestro de Movilidad 2012-2015 de la Administración Municipal, tendrá un valor que asciende a los 65 mil millones de pesos.

Además de la polémica que ha despertado el proyecto, debido a la demolición del restaurante y bar Mesón de los Búcaros, sigue la disputa entre la Alcaldía y la Escuela La Normal, predio que también se verá afectado, ya que para el avance de la obra se requiere 2.000 metros cuadrados del establecimiento educativo, lo que implica que se derriben al menos 123 árboles gigantes y tres aulas.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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