Martes 28 de Enero de 2014 - 05:43 PM

La historia de Rafael y su búsqueda de una madre que nunca conoció

Rafael Hernández es un joven de 23 años habitante del barrio Bosques de la Cira, en Barrancabermeja. No se acuerda de su madre, Marta, de quien su familia no tiene noticias hace casi 20 años. Hoy la busca incansablemente por todos los rincones de Santander.

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Edgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL
La historia de Rafael y su búsqueda de una madre que nunca conoció
(Foto: Edgar Pernett/VANGUARDIA LIBERAL)

Era julio de 1994 y doña Margarita Flórez Gutiérrez, todavía entera y llena de vida, atendía una llamada de Marta, uno de sus 10 hijos. En la conversación la mujer la invitó, como había hecho tantas veces, a encontrarse con ella en Barrancabermeja para entregarle unos regalos a Rafael, su hijo de cuatro años. Sería la última vez en casi 20 años que la abrazaría.

Jugando en el piso de su humilde vivienda, ubicada en el corregimiento Ciénaga del Opón, estaba el pequeño Rafael, aún incapaz de retener para siempre el recuerdo de mamá, de la que no se volvería a saber nada.

Hoy este niño es un joven de 23 años, delgado, de cejas pobladas y ojos expresivos pero de pocas palabras. Solo las suficientes para expresar el deseo de encontrar a su mamá. Su abuela, la única persona que tuvo la valentía y la paciencia para criarlo, está parada junto a él, dirigiendo todo lo que dice con mirada escrutadora y con expresión cansada por el paso de los años y por la pesada carga de la incertidumbre en la que se ha convertido el paradero de su hija.

Rebeldía y amor

Marta Nelly Ortiz Flórez o ‘chencha’, como le decían de cariño en su niñez, demostró desde muy joven “verraquera” para el trabajo. Según doña Margarita, se le medía a lo que fuera. Incluso trabajó en cafeterías y expendios de licor.

“Era muy tranquila, no buscaba peleas, pero si se metían con ella, no perdonaba. A los 17 años conoció a Rafael y se volvieron novios. El muchacho se fue a prestar servicio militar y cuando volvió se sacó a Marta a vivir. Se fueron para Puerto Wilches. Allá él trabajaba en las palmeras”, relata doña Margarita.

En ese municipio santandereano empezaba una historia a la que le faltó el final feliz. Los problemas con el alcohol de Rafael y las continuas peleas de la pareja terminarían por acabar con la relación, de la cual lo único que permanece es el fruto de su amor, Rafael Ortiz Flórez.

“Ella lo que hizo fue traerme el niño para la casa y de ahí se fue a trabajar. El papá se desentendió del mucha-cho. Marta se fue para Bucaramanga y dos o tres veces por semana me llamaba para encontrarnos en Barranca y llevarle cositas a su hijo, ella lo quería mucho”, reconoce doña Margarita.

Pero la llamada que Marta le hizo en julio de 1994 sería la última que doña Margarita recibiría de su hija. Desde ese año la mujer se perdió de los momentos, según ella más malos que buenos, que tuvo que vivir su hijo junto a su abuela.

Ya en ese año, hacían parte de las más de 11 mil familias que viven en Barrancabermeja en condición de pobreza extrema, en su caso por desplazamiento. La abuela luchó por su nieto como pudo, vendiendo hielo, vikingos y hasta cigarrillos.

Luego de varios intentos por asentarse en un lugar definido, la familia logró acceder a una vivienda en el barrio Bosques de la Cira, una urbanización de interés social construida en 2004 para reubicar a las personas que en ese entonces invadieron un lote público.

El reencuentro con el papá

Pero la vida para Rafael Hernández Ortiz no ha sido solo de pruebas difíciles. El año pasado el azar lo llevaría a lo que él califica como su mejor golpe de suerte hasta el momento.

“El año pasado me fui para donde una tía en el barrio Boston. Allá resulté hablando con una señora que vivió en Puerto Wilches y que me dijo que yo me parecía a alguien que también se llamaba Rafael, que siempre le hablaba de un hijo que tenía desaparecido”, relata el joven.

El sexto sentido de la señora fue el eslabón perdido que hizo que Rafael se pudiera reencontrar con su padre. Con el número celular en la mano, hizo la llamada de rigor.

“Lo llamé con los únicos 200 pesos que tenía en ese momento. Me tocó quedarle debiendo a la señora de los minutos, porque hablamos bastante ese día. Él de una vez se dio cuenta que yo era el hijo”, dice.

El viaje del reencuentro no se hizo esperar. A los dos días, Rafael estaba embarcado en un bus intermunicipal hacia Puerto Wilches, junto a su compañera sentimental, con quien no tiene hijos. Se abrazaron, comieron pollo asado y don Rafael lo invitó a su casa.

“Estuve allá como un mes, pero mi madrastra tiene un genio fuerte y no me pude quedar más. Con mi mujer recorrimos el pueblo dos días hasta que conocí a un señor que me dio trabajo como cotero. Me quedé ocho meses más”.

Sin más oportunidades de trabajo, el joven decidió devolverse para Barrancabermeja. Todavía afronta una precaria situación económica, pues sobrevive con lo que consigue arrancando yuca en la finca de un amigo, en la vereda La Raya (Jurisdicción de Yondó).

La búsqueda continúa

A pesar del emotivo encuentro con su padre, Rafael todavía tiene un vacío que no ha podido llenar. Aunque su mente no puede hacerse a una imagen fiel de a quién extrañar, porque no tiene recuerdos de su mamá, sí sabe que debe encontrarla mientras pueda.

“Algunas personas me han dicho que ella vive en un barrio pobre de Bogotá. Un señor llegó a decirme que conoció a alguien que se llamaba Marta y que se parecía a mí. Pero son sólo chismes, la verdad es que yo no tengo certeza de dónde está”, dijo.

Otra es la versión que le ha llegado a doña Margarita, quien cree que su hija Marta está en Bucaramanga. Pero lo cierto es que nadie les da una dirección o un teléfono a dónde acudir.

“Si ella quisiera comunicarse otra vez con nosotros, llamaría a unas hijas que viven en el barrio Boston. Ella sabe dónde es. Pero no entiendo por qué se perdió, si ella quería mucho a su pelao’. En las noches pienso dónde estará y si nos extraña”, afirma.

 Es por eso que el joven inició un vía crucis, para buscar a su mamá y lograr el reencuentro con el que siempre ha soñado.

“Cuando encuentre a mi mamá espero que ella no me dé la espalda, que me reconozca como hijo. Yo no le guardo rencor, la recibiría como si nunca se hubiera ido”, comenta Rafael con los ojos humedecidos.

¿Cómo es Marta?

Marta Nelly Ortiz Flórez es oriunda de Barrancabermeja. Nació el 4 de septiembre de 1970 en el corregimiento Ciénaga del Opón.

Según su mamá y unas fotografías que aún conserva, Marta sería de piel trigueña, delgada y con el pelo negro y ensortijado. Sin embargo, doña Margarita asegura que la última vez que la vio se había teñido el pelo de rubio y había ganado unos kilos.

Para la época en la que se desconectó de su familia, la mujer, que ahora tiene 44 años, trabajaba en cafeterías en Bucaramanga.

La persona que tenga información sobre la ubicación de la señora Marta Ortiz Flórez puede comunicarse con su hijo Rafael Hernández Ortiz a los números de celular 3132927229 o 3138980922. También al teléfono fijo 6105060 o al correo electrónico: rafaelhortiz1990@gmail.com

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Publicada por: SONIA LUZ SUÁREZ SALAZAR
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