Domingo 09 de Febrero de 2014 - 01:07 PM

El sueño de otra mujer que el ácido acabó en Bucaramanga

Internada en el HUS, la mujer atacada con ácido en el centro de Bucaramanga narró detalles de cómo fue agredida y señaló a su expareja como el único responsable de lo ocurrido.

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El sueño de otra mujer que el ácido acabó

Ella no pensó ser la protagonista de las páginas escritas por otros. Ella quería ser la protagonista de la nueva historia de su vida, del camino que se había prometido emprender 37 años después de luchar incansablemente por recobrar su dignidad, alejada del sufrimiento, las heridas del alma, el odio, los ‘amores perros’, el trago barato, las noches de copas y el llanto en soledad.

Salió corriendo y dejó al “hombre malo” que la sometía, un amor oscuro y enfermo que la llenó de cicatrices, que le cortó las alas desde hace 13 años, que la acercó a las drogas, a la prostitución y que la impulsó a dejar en manos de otros a sus tres hijos.

Pensó que había encontrado el amor libre, alguien que no cortara los besos con puñetazos, que no castigara con cuchillos, patadas y malas palabras. Pero la ilusión duró poco y su tragedia ahora los separa. 

Ese nuevo amor se quedó esperando en la residencia del centro donde habían acordado verse. Allí no ha regresado desde la noche del 24 de enero, cuando sintió que algo le quemó el rostro y el lado izquierdo de su cuerpo, dejándole una marca indeleble.

Tal vez no vuelva a la vida en las calles. A lo mejor emprenda rumbo a su pueblo natal, Ábrego, en  Norte de Santander. Lo cierto es que Luby Guerrero Peñaranda, la más reciente víctima de un ataque con ácido en el centro de Bucaramanga, hoy pasa sus días en la Unidad de Quemados del Hospital Universitario de Santander, HUS, donde el personal médico trata de devolverle las ganas de vivir y parte de su rostro. 

No recibe visitas, debido a la gravedad de sus heridas y por seguridad, ya que según cuenta el personal de vigilancia y los amigos que acuden a visitarla, el hombre que ella señala como el responsable del ataque ha intentado ingresar al hospital.

En medio del llanto y los sedantes, pide que no la olviden y que sus atacantes paguen prisión por lo que le hicieron.

“Sé que fue él”

“Era una mujer que llevaba puesta una gorra y el cabello recogido. Yo iba por el puente peatonal de la calle 35 (con carrera 15). Eran las 10:00 de la noche. Estaba trabajando. Cuando cayó el ácido en mi cara sentí morir. Nadie me quería ayudar, solo gritaba desesperada, porque sentía que algo se comía los huesos de la cara. Me subí sin su permiso a la motocicleta de un hombre que pasaba. Arrancó a toda velocidad hasta llegar al hospital”.

Ludy trata de acomodarse en la cama mientras trae al presente sus recuerdos.

Por momentos, un programa de televisión la distrae, pero mira su cuerpo vendado y vuelve a su desgracia.

Una enfermera la interrumpe. Le trae una botella con un suplemento alimenticio. Ella bromea. Pregunta si es Bienestarina, el alimento que le dan a los niños desnutridos, “así como yo”, remata.

Ambas se ríen. El líquido espeso es lo único que la alimenta. No quiere ingerir nada sólido. “No me da hambre. Así quién quiere comer”, dice.

Asegura que no recuerda el rostro de la mujer que la atacó. De lo que sí está segura es que el ataque fue un mensaje de su expareja, un vendedor de relojes y perfumes del centro, “una pesadilla”, consumidor de drogas, que según cuenta, vive en el sector de Morrorico.

“No fue otra prostituta, como dicen por ahí. Fue él. No es un secreto para nadie. Me ha amenazado varias veces de muerte. No pudo obligarme a estar con él y mandó a que me echaran eso (ácido) en la cara”.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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