Martes 18 de Marzo de 2014 - 10:17 AM

La realidad que hay detrás de una ninfómana

Tener una ninfómana en el lecho es el anhelo de muchos hombres, pero este deseo les puede generar grandes frustraciones, según los expertos. La ninfómana utiliza el sexo compulsivo como droga. “Lo hace para escaparse de sensaciones de ansiedad, soledad, enojo y odio a sí misma, y también para sentir alegría”.

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La realidad que hay detrás de una ninfómana

Una mujer desenfrenada sexualmente ha dado mucho qué hablar en el mundo entero por estos días: Joe, la protagonista de ‘Ninfomanía’, película del director danés Lars Von Trier, que está en la cartelera de cine de muchos países.

La historia de una mujer que es encontrada por un hombre en un oscuro callejón, maltratada, cautiva desde el comienzo.

Ella le narra cómo ha sido su intensa y compulsiva vida sexual: desde que, cuando niña, le gustaba experimentar sensaciones, pasando por la apuesta que hizo cuando adolescente con una amiga sobre quién tenía el mayor número de relaciones con los hombres que viajaban en un tren, hasta llegar a detallar la colección de más de 15 amantes que tuvo en una misma temporada. A cada uno le tenía un horario especial para que no coincidieran... A pesar de todo, jamás se sentía satisfecha en la cama.

La película, cruda para algunos, para otros bastante honesta, pone sobre el tapete el tema de la ninfomanía, cuya existencia para muchos es solo una temática de ficción. Pero ninfómanas sí hay en la vida real. ¿Qué es mito y qué es realidad en este tema?

Despejamos estas inquietudes.

¿Deseo sexual=ninfómana?

Todavía en nuestra sociedad es un mito pensar que toda mujer que experimente un fuerte deseo sexual, que tiene una alta frecuencia sexual o hable libremente de la sexualidad es ninfómana.

No. La ninfomanía, aclara el sicólogo y sexólogo Ezequiel López Peralta, es una forma de adicción sexual y existe tanto en hombres como en mujeres. Para el caso de las mujeres se les llama ninfómanas y para el de los hombres se habla de satiriasis o donjuanismo.

Lo que caracteriza la ninfomanía, explica López Peralta, es la presencia de un impulso sexual descontrolado, o sea, la persona no tiene control sobre este impulso y necesita tener actividad sexual permanentemente ya sea que tenga un acto sexual propiamente dicho (aún con personas desconocidas), consuma pornografía, experimente la masturbación o la práctica de juegos eróticos. Además, generalmente nunca terminan satisfechas. Pueden tener 10, 12, 15 orgasmos y, sin embargo, sienten que necesitan más.

“Una mujer puede tener mucho deseo sexual y controlarlo: elegir con quién lo hace, dónde lo hace, cuándo lo hace, escoger las situaciones más apropiadas. La ninfómana no puede tomar esas decisiones, simplemente tiene el impulso sexual y lo sigue, no lo puede manejar”, anota el especialista López Peralta.

De acuerdo con la sicóloga y sexóloga Martha Mejía, la ninfomanía (hoy se habla más de hipersexualidad) se considera una patología si el sexo domina los pensamientos de una persona y si afecta otras áreas de su vida. Entre sus síntomas destacan sentimientos de culpa, obsesión con pensamientos sexuales, sentimientos o conductas que afectan su salud, su trabajo, su familia, sus relaciones sociales y otros campos.

¿Desorden sicológico?

La ninfomanía no es causa de desórdenes sicológicos únicamente. El médico sexólogo Carlos Chiclana explica que no se han descubierto factores biológicos en su origen; no obstante, pueden estar influyendo factores de este tipo como la impulsividad, la obsesividad o el estado de ánimo.

Algunas causas neurológicas, como perturbaciones del ritmo cerebral, pueden producir adicción sexual; lo mismo que trastornos siquiátricos como los bipolares; los trastornos maníacos, los sicóticos, los obsesivos compulsivos o puede ser producto de una situación de mucho estrés, de trastornos hormonales o tumores cerebrales, comenta López Peralta.

La médica sexóloga Carolina Londoño advierte que a nivel sicológico tiene mucho que ver la forma como una persona haya sido tratada por sus padres, si ha tenido carencias afectivas; si ha sido víctima de violencia sexual; si ha sido sometida de pequeña a estímulos visuales, auditivos o escenas sexuales explícitas, si ha tenido acceso a la pornografía o ha visto a sus padres u otras personas teniendo relaciones sexuales.

“Vivo en un infierno”

Con estas frases: “Vivo en un infierno que cada vez me consume más” y “solo deseo ser una mujer normal”, una paciente de 29 años de la sicóloga y sexóloga Martha Mejía ilustraba todo su sufrimiento por padecer de ninfomanía.

Ella, una profesional bonita, elegante y soltera, llegó a la consulta con ansiedad y preocupación, porque se sentía frustrada por no tener una pareja estable para casarse y tener hijos, por tener que mentir a su familia, en su trabajo, a los amigos y a su entorno para encubrir sus prácticas sexuales, las cuales ha llevado a cabo incluso exponiendo su integridad física, porque en aras de conseguir sexo no le importan las riesgosas consecuencias: adquirió infecciones de transmisión sexual, la han desvinculado de varios empleos por irresponsable y sus parejas la han tratado de enferma o de insaciable sexualmente.

Ha pagado por sexo, ha sido rechazada por parejas que se niegan a sus faenas sexuales largas y extenuantes, en donde incluye juguetes, prácticas varias, palabras fuertes, objetos, lo que tenga a su paso para saciar su instinto.

Con herramientas terapéuticas y medicamentos ha controlado la ansiedad y logrado resultados satisfactorios; pero esta paciente sigue en controles.

Características

La ninfomanía, según la sexóloga Carolina Londoño, es un comportamiento sexual obsesivo, compulsivo. Es decir, la persona siente la inmensa necesidad de hacerlo muchas veces activada por la ansiedad, por sentimientos de culpa y ritualista.

Empieza a generar un ritual alrededor de la conducta sexual: se hace en la misma parte, con la misma o las mismas personas, usa los mismos estímulos y termina siendo un comportamiento que a la persona no le importa que empiece a afectar su vida, la de su pareja o la de un tercero. No le importa dejar de trabajar o de realizar actividades cotidianas.

Desarrolla obsesiones románticas durante el lapso en el que se vuelven adictos al sexo y al amor, al punto de descuidar sus vidas. Además, intentan traer intensidad y entusiasmo a sus vidas: lo que no pueden obtener con normalidad lo intentan a través del sexo. Y cuando consiguen el amor nunca les parece bastante, pues siguen teniendo adicción por otros.

¿Detectables?

Las ninfómanas no son fácilmente detectables a primera vista, pues no llevan una marca ni señal. Son personas corrientes que tienen un problema, advierte el doctor Carlos Chiclana. Cuando se les conoce de cerca, agrega, es cuando se pueden apreciar sus carencias afectivas, sus necesidades emocionales, su impulsividad, sus dificultades para regularse emocionalmente, sus problemas para establecer vínculos afectivos.

Por las características de descontrol que tiene la ninfómana, complementa el sexólogo Ezequiel López, muchas veces su situación se deja ver con facilidad, porque no puede disimularla. Su nivel de deseo sexual es tan elevado y tan descontrolado que de seguro va a tener relaciones con muchas personas, independientemente de que no sean convenientes para ella por imagen, por su trabajo, por tener pareja; al final ella termina cediendo porque no puede controlarse, ante lo cual su entorno se termina dando cuenta rápidamente de su patología, porque como es una situación descontrolada, no puede fácilmente ocultarla, opina López Peralta.

¿La pasan muy bien?

Pensar que la persona con ninfomanía la pasa muy bien es un imaginario colectivo. Tal como dice el doctor Carlos Chiclana, en muchas películas se muestra esta problemática y se acepta como si fuera algo estupendo, pero se olvidan de mostrar el maltrato que han sufrido por parte de varios hombres, las agresiones padecidas en distintas relaciones, el aborto involuntario, los insultos verbales y morales, las rupturas sentimentales, las vejaciones a que han sido sometidas, las lágrimas, el aislamiento y el malestar que le ha generado su conducta promiscua.

Como en cualquier adicción la persona sufre, dice la doctora Carolina Londoño: “Tener que estar teniendo orgasmos para poder sentir un poco de tranquilidad no es lo más sano”. Entonces termina teniendo baja autoestima y sentimientos de soledad. Si tiene varios compañeros sexuales, está el riesgo de sufrir enfermedades de transmisión sexual.

¿Hacen feliz a su pareja?

No hay tal felicidad. El anhelo de muchos hombres de tener una ninfómana en su lecho se convierte en una gran frustración, pues no son capaces de seguirle su ritmo sexual, a menos que sean también adictos al sexo. El compañero de una ninfómana se aburre al notar que ella nunca queda satisfecha, por eso se siente incómodo y puede terminar con disfunciones sexuales producto del exigente desempeño que ella le pide, o rompiendo la relación, comenta la doctora Carolina Londoño.

En la mayoría de los casos rotan bastante de pareja, ya que la inestabilidad sexual de una ninfómana exacerba y rebasa los límites sexuales y emocionales de su compañero. En casos avanzados, en sus prácticas íntimas puede incluir a otros géneros sexuales, pagar por tener sexo o experimentar la prostitución.

Si tiene pareja estable termina siendo infiel y no tiene criterio de selección.

¿Ser ninfómana Tiene cura?

Cuando la ninfomanía es producto de una causa puntual como un alto nivel de estrés, la persona puede volver a la normalidad sexual con técnicas de relajación y con alguna medicación para reducir la ansiedad, explica el sexólogo López Peralta. Pero si se trata de una adicción, como el alcoholismo o la ludopatía, no tiene cura, pero sí se puede controlar. La persona debe ser sometida a evaluaciones médicas (para ver si hay una causa de tipo cerebral, hormonal, neurológica, etc.); a evaluaciones siquiátricas y sicológicas con el fin de que tenga mayor capacidad de control de sus impulsos sexuales.

Lo ideal es que cuente con un grupo interdisciplinario: médico, sicólogo, siquiatra y sexólogo, para que sepa cómo llevar un acto compulsivo a uno que la enriquezca, cómo desplazar la ansiedad y la culpa hacia conductas proactivas como el deporte, el arte, e incluso el disfrute tranquilo de la sexualidad.

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Publicada por: Meryt Montiel Lugo, El País de Cali
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