Lunes 14 de Abril de 2014 - 07:20 PM

El medallista paralímpico de Santander víctima de ataque con ácido

Hace 16 años soñaba con ir a la universidad y ser contador, pero un ataque con ácido le cambió la vida. Hoy es un reconocido atleta en Colombia y en el mundo. Pese a que las autoridades no dieron con el paradero de su agresor, él les pide a las víctimas que dejen de lado el rencor y sigan adelante.

Comparta este artículo ›

Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
El medallista paralímpico de Santander víctima de ataque con ácido
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

Edwin Rodríguez González ha dejado en alto el nombre de Colombia en distintos escenarios deportivos del mundo. Medallas alcanzadas en los Juegos Parasuramericanos Santiago 2014, los Paralímpicos de Londres en 2012, los Parapanamericanos de Guadalajara y el Mundial de Atletismo Paralímpico en Nueva Zelanda, en 2011 son la carta de presentación de este atleta invidente, lanzador de disco y de bala.

Sin embargo, detrás de la fuerza que muestra en sus entrenamientos y competencias y de la alegría que transmite a su familia y amigos cada vez que se sube al podio, está la historia de un sobreviviente de lo que muchos llaman “la muerte en vida”: el ataque con ácido, un flagelo que si bien conmociona a la sociedad cada vez que se conoce un nuevo caso, gana terreno en la impunidad.

Un giro inesperado

Hace 16 años, Edwin se preparaba para estudiar contaduría en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga. Mientras el momento llegaba, trabajaba en una fábrica de bolsas que distribuía en almacenes y boutiques de Cabecera. Además, aprovechaba los fines de semana para salir con sus amigos, tomarse unos tragos y disfrutar de la rumba.

Por su mente jamás pasó ser deportista. Tenía 20 años, no quería perder más tiempo. Había ahorrado lo suficiente, así que su objetivo era ser profesional. 

Días antes de pagar el semestre, fue en busca de un amigo que le había prometido que lo ayudaría con los trámites de ingreso a la universidad, pues conocía a una profesora en la facultad de contaduría. Edwin recuerda que estaba dentro del vehículo de su amigo, estacionado sobre la calle 56, junto a Sanandresito La Isla, cuando escuchó el estallido del vidrio trasero del carro. No pudo reaccionar. Segundos después le lanzaron a él y a su amigo ácido. A Edwin le cayó en el rostro, los ojos y los brazos. Su compañero también resultó afectado. Todo ocurrió un sábado a las 8:00 de la noche y pese a que algunas personas fueron testigo de lo ocurrido, nadie los ayudó.

“Como pudo, mi amigo condujo el carro hasta mi casa. Allí salió mi hermana y nos llevó al Hospital Universitario de Santander, HUS. El dolor era muy fuerte, nunca podré describirlo. El ácido que me echaron era de batería y carcome la piel al mínimo contacto. Recuerdo que gritaba mucho. Tuvieron que aplicarme un sedante para dormirme. Al otro día desperté y tenía todo el rostro vendado. No volví a ver. Eso es lo que recuerdo”, dice el deportista.

Empezar de nuevo

Mientras Edwin desfallecía en el hospital y su familia buscaba que se aferrara a la vida, la Fiscalía de Bucaramanga se encargó de seguirles la pista a los agresores.

Los investigadores trabajaron con varias hipótesis. Una, que fueron víctimas de un asalto. Dos, que el ataque no era para Edwin sino para su amigo. Tres, que el deportista fue víctima de una ataque por envidia. Finalmente, nunca dieron con el paradero del o los atacantes y el caso cerró con mayor fuerza en la última hipótesis.

Tanto Edwin como su familia se dedicaron a salir adelante. Tras mes y medio de hospitalización, el deportista asegura que no tuvo más remedio que entregarse a Dios y recibir el apoyo de su familia.

“Antes de dejar el hospital, me arrodillé junto a la camilla y perdoné a las personas que me hicieron eso. ¿Quiénes fueron? Aún no sé. No quería vivir con rencores”, asegura.

Volver a empezar

“Aceptarse a uno mismo. Esta es la principal barrera que se debe superar”, comenta Edwin.

Y no fue fácil, pues no solo el dolor físico invade a una víctima del ácido. También se  sufre de depresiones, se pierden las esperanzas y se  piensa mucho en ¿seré aceptado a pesar de haber quedado desfigurado?

Edwin reconoce que sentía pena y no le gustaba que lo vieran con el rostro desfigurado.

 “La principal tarea es aceptarse, así tal cual como quedó. De ahí viene la evolución y el crecimiento. Se sepa o no quién fue el atacante, lo mejor es perdonar”, dice este subcampeón paralímpico.

Con el paso de los años, Edwin comenta que hay que hacer todo lo posible por conseguir que se les practique a las víctimas las cirugías necesarias, pues en su caso, pese a la recuperación, aún le faltan cinco intervenciones.

“Sería bueno que las víctimas contaran con un seguro médico para cubrir los gastos, pues uno pierde el trabajo. También que el Gobierno aprobara que las cirugías plásticas fueran gratuitas”, pide el deportista.

Lo segundo es buscar un sitio para la rehabilitación. Él encontró en la Escuela Taller para Ciegos un espacio, no solo para aprender a convivir con su ceguera, sino la oportunidad de retomar su vida cotidiana –aprender a movilizarse en su casa, a cocinar, lavar y operar un computador –, de estudiar una carrera tecnológica y en especial, a amar el deporte.

El éxito deportivo

¿Cómo llega Edwin a ser atleta? Asegura que se enteró de un campeonato departamental, que le costó mucho trabajo entrenar en el estadio Alfonso López y que de la noche a la mañana, resultó como competidor en un evento deportivo en Barranquilla, en el cual alcanzó una medalla de oro y dos de plata. Todo ocurrió en 2005.

En sus inicios un guía lo acompañaba. Era un joven que hacía su práctica de alfabetización y que también trabajaba en la Escuela Taller para Ciegos, llamado Miguel Ángel Bautista. “Cuando vio que yo daba más que él, que corría y me desenvolvía mejor,  dijo que no me podía ayudar más”, recuerda en medio de risas.

Poco a poco fueron llegando los triunfos, las medallas y los viajes por Colombia y el mundo. Londres, Sao Paulo y Santiago de Chile son algunas de las ciudades que ha visitado, gracias a la actividad deportiva.

¿Qué recuerda de cada una? “Muchas cosas. De Londres, que es una ciudad muy organizada. Me tomé fotos en el Palacio de Buckingham, que vimos a uno de los príncipes, hijo de Lady Diana… De Santiago, que es un lugar muy grande, en el que existe un respeto muy grande por los peatones y los invidentes”, comenta. “Claro, esto que le estoy contando es gracias a los relatos de los guías que nos acompañan, pero igual, uno recrea todo en su mente y logra ver que está en esos lugares”, añade.

Muchas lágrimas han corrido por las mejillas de Edwin desde que el ataque con ácido cambio su vida, pero todas han sido de dolor. Uno de los momentos más especiales de los últimos años  fue el día que subió al podio en el Mundial de Atletismo Paralímpico, en Nueva Zelanda, cuando se quedó con la medalla de bronce.

“Escuchar el himno nacional en un lugar tan remoto y que cientos de extraños aplauden es un alegría muy grande. Fueron lagrimas de satisfacción, de triunfo”, asegura.

Edwin insiste en el perdón. Dice a todas las víctimas de los ataques con ácido que lo mejor es buscar apoyo en la familia y seguir, pues eso no acaba la vida.

“Si Dios nos dejó sobrevivir, es porque tiene grandes oportunidades para nosotros. Jamás pensé tener lo que tengo. He logrado sobrevivir para seguir luchando”, concluye este deportista. 

Necesita ayuda

Casos como el de Nubia Patricia Carreño, atacada en Girón en 2010 y cuyo agresor está en prisión, y el de Luby Guerrero Peñaranda, trabajadora sexual atacada en febrero de este año en el centro de la ciudad y que hoy aún se esconde de los atacantes son muestra de que el ataque con ácido marca el principio de una vida llena de lucha para sus víctimas.

Carreño asegura que no cuenta con recursos para subsistir, que se siente abandonada y que aún espera la ayuda que el Gobierno de Girón le ofreció. Por su parte, según las compañeras de Guerrero Peñaranda, la mujer vive recluida en un hogar de paso, tras su salida del Hospital Universitario, pues no cuenta con familia cercana y menos con un tratamiento médico para recuperarse. Lo más difícil, según sus amigas, es que sus agresores la siguen buscando.

Publicidad
Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.