Domingo 04 de Mayo de 2014 - 11:21 AM

Líderes cívicos de Bucaramanga tienen miedo de la violencia

No saben en qué momento dejaron de ser representantes de la comunidad y se convirtieron en el blanco de la delincuencia. Aseguran que han denunciado las amenazas a las autoridades y a la Alcaldía, y nadie les presta atención. Muchos temen por sus vidas, pero no quieren irse de sus barrios.

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Didier Niño / VANGUARDIA LIBERAL
Líderes cívicos de Bucaramanga tienen miedo de la violencia
(Foto: Didier Niño / VANGUARDIA LIBERAL)

La cita nunca fue el lunes. Tampoco el martes. No ocurrió el miércoles en la mañana, pues algunos de los líderes que se comprometieron con la entrevista no volvieron a contestar el teléfono. “La cosa está caliente en el norte. Lo mejor es no hablar”, dijeron.

El jueves en la mañana, finalmente se dio el encuentro bajo algunas condiciones: no mencionar el sitio de reunión, menos los nombres de los entrevistados y ninguna fotografía. No fue necesario hacer preguntas. Los líderes  de las zonas vulnerables de esta ciudad, en especial el norte, rompieron su silencio y expresaron que tienen miedo, no solo por ellos, sino por sus familias, sus vecinos, los niños, los jóvenes… La “nueva pobreza” nada tiene que ver con la falta de dinero, pero sí con la falta de oportunidades, de tolerancia, de educación y de respeto por la vida del otro. 

El asesinato de Ernesto Castañeda, líder del barrio La Esperanza I, sorprendió a la ciudadanía el 24 de abril, pero no a sus compañeros. Este hombre encontró la muerte en la puerta de su casa y frente a su familia. Unos cuantos disparos lo alertaron. Sus asesinos sabían que al escuchar las ráfagas Ernesto saldría, como era costumbre. Fue allí donde las balas alcanzaron su cuerpo. “Ernesto comentó que temía por su vida, por los fuertes enfrentamientos con los ‘parches’ del barrio. La causa, la venta de drogas y las amenazas contra uno de sus hijos. No tenía protección de nadie”, comentó uno de los asistentes a la reunión.

La situación de los líderes en la ciudad es cada día más complicada. Aseguran que la presencia de la Alcaldía es nula, que los jóvenes solo quieren delinquir, que todos los que no están en contra de los delincuentes son objeto de amenazas y que son expuestos al escarnio público por las mismas autoridades que investigan los hechos delincuenciales. “Por nuestras cabezas han ofrecido entre 50 y 100 mil pesos. ¿Por qué no nos vamos del barrio?Porque esta situación debe tener fin. No podemos salir corriendo y dejar que los delincuentes tomen el control de las periferias de la ciudad”, comentó uno de los líderes en la reunión.

“No son problemas personales”

En la Comuna 3, conformada por barrios como Chapinero, Comuneros, San Rafael, Norte Bajo y Modelo, muchos niños crecen en medio de los expendios de drogas, viendo a sus padres y hermanos delinquir. Algunos no llegan a los 15 años, pues a esa edad ya tienen enemigos, deudas por marihuana y bazuco; incluso, han pasado por los estrados judiciales y algunos han terminado en el cementerio.

Cuentan los vecinos del sector que la zona era tranquila, que todo empeoró hace más de cuatro décadas cuando la Administración Municipal trasladó para las calles de Comuneros y Chapinero la zona de tolerancia. “Los prostíbulos y las mujeres se fueron, pero la droga se quedó, a tal punto que se pueda hablar de que allí es el caldo de cultivo de los nuevos sicarios de Bucaramanga”, comentó un líder. 

Todo, según los afectados, ocurre “en las narices de las autoridades y de los funcionarios de la Alcaldía... Parece un chiste cuando llegan y reúnen a la comunidad en las esquinas, junto a los ventas de droga camufladas y los jíbaros”, dice uno de los afectados.

“La Policía resume todo a que tenemos conflictos personales con los delincuentes, y eso no es así. Claro que tenemos problemas con los delincuentes. Se quieren adueñar del barrio. Lo que deben es brindar seguridad y no reducir el problema a una simple pelea”, aseguró otro líder.

Para ningún habitante de estos barrios es extraño ver que un joven carga un revólver en su cintura, menos que esconden armas en los jardines y las casas de sus amigos. Pero, lo que más les preocupa a los líderes es la erradicación de las llamadas ‘ollas’. Según las declaraciones de los afectados, la Policía adelanta investigaciones, hace allanamientos y capturas. Sin embargo, cuando se van del barrio, los jíbaros utilizan esto como excusa para agredir y amenazar a los líderes y la comunidad. “No tenemos nada qué ver en eso. Lo que sí sabemos es que muchos policías delatan a sus compañeros y les cuentan a los delincuentes de los allanamientos. La erradicación de las ‘ollas’ es un decreto presidencial, entonces, ¿nos van a erradicar a nosotros también?”, expresa otro de los amenazados.

Algunos dirigentes denuncian ser víctimas de acoso telefónico y en las calles. Los líderes afirman que cuando caminan por el barrio los miran y les señalan el cuello dándoles a entender que sus días están contados.

Ataques de todo tipo

En algunos barrios de la Comuna 1, entre ellos el Café Madrid, Colorados, Kennedy, Paisajes del Norte, Bavaria II y Las Hamacas, los líderes enfrentan desde insultos hasta ataques a sus viviendas.

“Ven a alguien armado en una esquina esperando a que pase la víctima y no alertan a la Policía. Llegan a nuestras casas y nos arman la pelea. ¡¿Por qué no hace algo?! Es lo que nos gritan”, expresa uno de los dirigentes.

Y es que algunos alegan que también deben luchar por su supervivencia. “Si usted ve que un grupo de muchachos drogados llega a su casa de tabla y se la quiere quemar, debe actuar. Así nos ha pasado a muchos. En la madrugada nos levantan la casa a piedra, nos gritan… A mí un tipo me echó el carro por encima y un familiar me defendió. Esto no se puede pasar por alto”, expresa otro líder.

Para algunos líderes de la Comuna 2, en barrios como Esperanza I, II y III, de Regadero Norte, La Independencia, Villa Helena y Transición I, II, III, IV y V, todo está relacionado con la “politiquería”, con los llamados “líderes de estómago”, aquellos personajes que solo buscan enriquecerse, buscar votos para los políticos y “sacar pecho” de lo que no hacen. “Lo que menos les interesa es la comunidad”, añaden. 

“Nadie le pone corazón a esto”

En las comunas 9 y 10, ubicadas hacía el sur de la ciudad, la situación no es distinta. Aseguran que están cansados no solo de enfrentar a los delincuentes sino a las autoridades, en especial, a la Policía, que según dicen, “no tiene voluntad para acabar con la delincuencia”. Otros culpan al gobierno de turno por acabar los programas sociales, de carácter deportivo, cultural y artístico. “Cada cambio de mando en la Policía es un problema. Los programas se acaban y no tienen continuidad. Hay ausencia del Estado. Ni las autoridades ni la Alcaldía se unen para sacar el sector adelante. Nadie le ha puesto corazón a esto”, dice uno de los implicados.

En barrios como Quebrada la Iglesia, San Pedro Claver y San Martín (debajo del viaducto García Cadena), quien tiene el poder es el que maneja los expendios de droga. “Lo triste es que la Policía sabe quiénes son y no hace nada. Sería bueno que el Comandante hiciera una limpieza, porque al interior de su institución hay corrupción”, añade otro líder.

La venta de droga en tiendas, ventas de comida callejera y las esquinas es otro fenómeno que preocupa en barrios como Diamante I y II.

“No todo ocurre en el norte de Bucaramanga. La delincuencia ha ganado terreno. Tal vez es hora de que nos presten atención, porque queremos seguir denunciado lo que ocurre”, concluye uno de los asistentes a la reunión.

INVESTIGACIONES A POLICÍAS

Sobre las denuncias hechas por los líderes, el comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, el coronel Nelson Ramírez, asegura que al interior de su institución se adelantan varias investigaciones a uniformados que estarían involucrados en hechos delictivos.

“Adelantamos un proceso de acción disciplinaria y de trabajo interno en contra de algunos miembros que no actúan de forma correcta. Además, seuimos implementando acciones contra el microtráfico y las capturas en flagrancia en el norte de la ciudad”, aseguró el Coronel Ramírez.

LA VOZ DEL EXPERTO

PADRE ANTONIO FORMENTI - Comunidad Padres Somascos, Centro Juvenil Amanecer

“La nueva pobreza tiene un nombre: violencia, organizada, pura y desnuda. La violencia no es para robar, sino para establecer dominios de territorios. Esta pobreza se ha asentado en el norte junto a otras nuevas pobrezas como la falta de cultura, de trabajo y estudio. Lo triste es que todos tienen miedo. Antes, Ciudad Norte le daba miedo al resto de Bucaramanga, pero ahora produce miedo a sus mismos habitantes.

La solución es entrar a estas comunidades y mirar qué está pasando con las familias. La sociedad las mira poco. Hay que llegar a donde está la necesidad, a los jóvenes, y darles oportunidad. Si ellos tienen un proyecto de vida pueden cambiar”.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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