Lunes 09 de Junio de 2014 - 05:07 PM

El Cañón del Chicamocha busca ser patrimonio

La declaratoria como Paisaje Cultural de una extensa zona del Cañón del Chicamocha está en marcha. Santander podría tener su primer atractivo de talla mundial en tres años.

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Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
El Cañón del Chicamocha busca ser patrimonio
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL)

La magia de las tierras áridas y verdes que detiene a cientos de viajeros que buscan llegar al centro del país. El río que corre desenfrenado y cuya corriente gris y amarillenta guarda secretos milenarios de las tribus indígenas que habitaron por primera vez esta zona. Las ceibas gigantes y barrigonas –cavanillesia chicamochae– que se alzan ante el imponente cielo azul y los rayos del sol, así como el vuelo de colibríes, aves de rapiña y mariposas.

La brisa húmeda que se combina con la transpiración de los caminantes de camisetas y gorras blancas que toleran temperaturas entre los 23 y los 35 grados centígrados solo por apreciar el paisaje. La composición semidesértica, de pendientes elevadas y  de vegetación arbustiva. Y cómo olvidarlo: el encanto de sus pueblos ocultos en medio del sofocante calor, aún con casas de bahareque y la presencia de campesinos que llevan bestias y siembran tabaco.

Son muchos los detalles que guarda la inmensidad del Cañón del Chicamocha que hoy son recopilados por un grupo de profesionales que darán la pelea ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, para que una parte considerable de este importante accidente geográfico colombiano, conformado por una cadena montañosa, sea declarado como Paisaje Cultural y por ende, Patrimonio de la Humanidad. 

En tres años, aproximadamente, se podría conocer el veredicto. Mientras esto ocurre, solo resta decir que Santander tienen todas las opciones para lograr esta distinción, así como la alcanzó el Eje Cafetero en junio de 2011, y otros lugares en el mundo como las plantaciones de 19.500 hectáreas de cultivos de arroz de Bali, en Indonesia, declaradas en 2012; el paisaje de agave azul, planta que se utiliza para la fabricación del tequila en el valle del río Grande, en México, usado desde el siglo XVI por los cultivadores y declarado en 2006 o el paisaje arqueológico de las primeras plantaciones de café ubicadas en la Sierra Maestra de Cuba, declarado en 2000.

Para la declaratoria

Gloria Oviedo Chávez,  experta en Patrimonio Cultural y docente del programa de Administración Turística y Hotelera de la Unab, lidera el equipo de profesionales que investigan y recopilan la información que será enviada a la Unesco para la postulación. Según contó, la inversión hecha entre el Ministerio de Cultura y la Universidad Autónoma de Bucaramanga alcanza los 1.700 millones de pesos.

El proceso de postulación tiene varias fases. La primera es tal vez la más importante. El equipo debe validar la información que existe sobre el Cañón en siete áreas: historia, geología, patrimonio cultural, patrimonio geológico, ecología y biodiversidad, desarrollo económico y turismo, así como entregar nuevos hallazgos. El proyecto de declaratoria abarca los municipios de Cepitá, Curití, Barichara, Villanueva, Jordán, Los Santos, Guane y Umpalá.

En 2012, Colombia presentó a la Unesco una lista tentativa de sitios que podrían considerarse para una declaratoria, y el Cañón fue uno de ellos.

“A final de año esperamos entregar el primer borrador del documento que va a contener lo necesario para la declaratoria. Los santandereanos deben confiar. Este es un proyecto regional que trasciende fronteras”, añade esta experta en patrimonio.

¿Por qué el Cañón?

Para declarar una región, un paisaje o un bien cultural como Patrimonio de la Humanidad, se deben cumplir una serie de valores universales. Oviedo Chávez dice que el Cañón del Chicamocha tiene varios: guarda en su seno el segundo nido sísmico más importante del mundo, después de Afganistán, e impacta por su biodiversidad. Además, conserva los caminos y puentes construidos en la colonia, que fueron aprovechados por los pobladores hasta la primera mitad del siglo XX.

Resalta el historiador Armando Martínez Garnica, quien también participa en el proyecto de declaratoria: “Todos conocemos la ‘tarabita’, que se tensa en el aire y que con aparejos, poleas y lazos permite cruzar de un lado a otro del río. Esa es una tradición que permanece”, y que según expertos, demuestran la experticia de los indígenas que poblaron la orilla de la cuenca hidrografía.

En términos arqueológicos, comenta la antropóloga y doctora en arqueología Mónica Giedelmann, Santander es uno de los departamentos con mayor riqueza en el país, que no ha sido estudiado. “Esta es la excusa para registrar de forma sistemática y científica lo que dejaron nuestros antepasados, y el camino para hacer valer la ley en términos culturales y de patrimonio”, añade Giedelmann.

Así mismo, esta investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana asevera que el departamento es rico en evidencia funeraria con la presencia de momias, así como el manejo de textiles y artesanías guanes. “En investigaciones hechas en el Museo Nacional de Colombia, hemos encontrado que los indígenas tejían con una sola fibra o hilo, lo que demuestra el manejo de la longitud, los cálculos matemáticos y la tecnología”, asegura la investigadora.

Por ahora solo resta esperar. Los investigadores aseguran que las comunidades de los municipios ubicados en el Cañón del Chicamocha aguardan que todo se logre y que esto, además de cultura, traiga desarrollo y proyectos turísticos que los beneficien.

RIQUEZA EN BIODIVERSIDAD

German Camargo, director técnico de la Fundación Guayacanal, es el encargado de la investigación de los ecosistemas. Asegura que existe material suficiente para justificar la declaratoria, ya que la zona está poblada por especies únicas en el país e incluso en el mundo.

“El Cañón tienen dos especies de colibríes que son únicas, aves como el ‘cucharachero del Chicamocha’ que solo se encuentran en los bosques ubicados en la orilla del río Suárez. También hemos encontrado una especie de lagartija única en Santander, así como la ceiba barrigona, cuatro especies de cactus y una palmera enana, única en esta zona del país”, añadió el biólogo.

LA VOZ DEL EXPERTO

Carlos Eduardo Serrano, experto en patrimonio mundial

Cada sitio responde diferente a los impactos de la inscripción o declaratoria. Lo importante en el Cañón es que en el dossier de nominación o documento que se entrega a la Unesco se resalte cómo se realizará el manejo y la gestión del sitio y que esto involucre a las comunidades, porque generalmente, los primeros que se ven afectados son los pobladores, porque se cambian las dinámicas locales y la inversión en estos pueblos termina haciéndose con miras al turismo. Es decir, el que no está inmerso en el turismo no tiene beneficios.

Además, se presentan cosas como el incremento de la tierra o la llegada de foráneos que también buscan beneficiarse. Entonces, los pobladores locales tienen que desplazarse casi siempre por cuestiones económicas. Lo clave en el Cañón es que se analice el impacto, sobre todo porque allí mucha gente vive de la agricultura.

La convención de Patrimonio Mundial siempre habla de involucrar a las comunidades y esto no es gratis. Se debe plantear cómo trabajar con estas comunidades y de una manera real. Muchas veces se les consulta y después una entidad o grupo es el que hace todo el manejo, y la comunidad no participa activamente.

No se deben crear falsas expectativas en la región. Se cree que por estar inscrito en la Unesco va a llegar dinero, pero no es así, es falso. El país, a menos que tenga un proyecto específico para prevenir el deterioro de algún bien, no solicita dinero a la Unesco; es más el compromiso del Estado en proteger el paisaje.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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