Miércoles 09 de Julio de 2014 - 02:17 PM

El día que la reina colombiana del porno estuvo en Bucaramanga

Ocurrió hace algunos años. Ella, al salir del ascensor con un diminuto vestido azul, desbancó a su paso la precaria y quebradiza castidad visual de unos cuantos bumangueses ubicados en la entrada del Hotel Chicamocha.

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César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL
Esperanza Gómez
(Foto: César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL)

Esperanza, de la cintura para arriba, era sostenida por una jaula ósea que los ojos no dejaban de picotear.

Su pelvis era más pelvis, sus piernas, dos ramas largas con la ligera impresión que nada ocultaban al mover esa cintura ondulante, que parecía escapar de ese pequeño traje azul.

Su belleza, nada huérfana de carnes, era capaz de espantar con su cuerpo hasta el mismísimo silencio.

Esperanza Gómez, quién fuera ‘Chica Playboy Colombia’ y que en la actualidad es conocida como la reina colombiana del ‘porno’ en Estados Unidos, ratificó esa tarde de sábado, que en Bucaramanga el apetito de la vista parece infinito.

Oriunda de Belalcázar, Caldas, Esperanza, de 33 años, contó esa tarde que se inició en el modelaje destacándose en campañas de ropa interior, hasta que en marzo de 2005 terminó desnuda en Buenos Aires, Argentina, y ocho meses después en Ciudad de México, junto a 10 representantes de América Latina, España y Portugal, en desarrollo del concurso ‘Miss Playboy TV’.

Tiempo después llegó a Estados Unidos enfocada, muchos dirán a plenitud, por el foco de la industria del cine para adultos y los millones que genera esta industria.Después confesaría que en una charla con su esposo, le declaró su anhelo de trabajar en la industria del cine para adultos, y que precisamente fue su cónyuge quien pagó los pasajes para llegar a Los Ángeles.  

Esperanza Gómez, antes de ser diva del ‘porno’,  le siguió los pasos a las modelos criollas Renata González y Viviana Castrillón, que años atrás triunfaron en Playboy, marca creada en diciembre de 1953 por Hugh Hefner, un hombre de 88 años, con un infarto, una cuenta permanente de Viagra, varios millones, matrimonios, ropero lleno de piyamas (de abuelitos) y el mito de dormir cada cuanto con varias mujeres por noche en su alcoba.

Este empresario que revolucionó la industria de las publicaciones para adultos, creó un imperio mundial, que sobrevive en un mundo cada vez más virtual.

No mata ni una mosca
Esperanza Gómez admitió que desde niña siempre quiso ser modelo e incluso confesó que desde el comienzo de su carrera consideró “hacer una sesión de fotografía artística en ‘topless’, porque me encantaban los desnudos, incluso los pintaba”.

Claro que primero intentó estudiar agronomía, hasta que un día la convencieron de lo contrario pues “decían que ese trabajo empobrece, ennegrece y embrutece. Eso me bajó la moral y me cambié para veterinaria”.

Pero en las primeras clases le dijeron que “tenía que sacrificar un animal en caso de que llegara mal herido. Me retiré. Yo soy de las que no mata una mosca”.

Así las cosas se graduó en diseño de modas, al tiempo que trabajaba en pasarelas. Fue allí que un día la convencieron para hacer literalmente de ‘bulto’ en el ‘casting’ de la ‘Chica Playboy Colombia’.

“Para ese concurso se registran unas 5 mil mujeres. Yo iba a participar en ‘Miss Playboy TV’ pero en representación de Puerto Rico. Un día me llamaron de una agencia de modelos para que les colaborara en un ‘casting’ como relleno. Al principio dije que no, pero después colaboré. Me tomaron unas fotos.

“Al mes me dijeron que había ganado el concurso. Inicialmente dije que no sabía que me tenía que dedicar un año a este trabajo y estaba a punto de graduarme. Además estaba el asunto de mi papá”.

La madre de Esperanza Gómez siempre la apoyó en su trabajo como modelo. No obstante, su padre era cuento aparte.

“Él sentía vergüenza. Él es muy recatado y cada vez que me veía en revistas o en televisión desfilando ropa interior sentía mucho pudor. Fueron dos años de carrera muy difíciles...”.

Tal percepción obedece a varios clichés producto de la industria de la pornografía que carga con mentiras tan profundas como que las mucamas inglesas, las niñeras y las modelos son adictas al sexo y que al menor descuido se desabotonan la blusa.

“Mi padre tenía una idea errada de este trabajo. En Colombia somos muy recatados con este tema. La mentalidad no está abierta en cuanto a los desnudos y hay muchas falsas ideas”.

Los clichés llegan al punto de lo estético, pues se cree que las mujeres “espectaculares en la cama” deben tener el vello púbico en forma de un diminuto triángulo equílatero, sin saber la dolorosa lucha antinatural para hacer ese triangulito.

“El proceso fue complicado hasta que se acostumbró poco a poco. Cuando le conté el trabajo de Playboy aceptó, gracias a Dios...”.

¿Conejitas presionadas?

En 2005, una vez se contaba con las 11 candidatas para el concurso, el canal Playboy TV diseñó un reality documental que mostraría todos los secretos de la formación de una Miss Playboy TV.

El ciclo de diez programas de una hora, se llamaría: “Quiero ser una Miss Playboy TV”.

Las modelos fueron internadas en un paradisíaco hotel con el propósito de adiestrarlas en temas como maquillaje, peinado, vestuario, pasarela, fotografía y manejo de medios de comunicación.

No obstante, para Esperanza Gómez, tal reality documental fue una fachada.

“Los organizadores nos dijeron que sería una preparación para el concurso, pero no fue así. El curso de maquillaje duró una hora. Se hizo más un detrás de cámaras.

Nosotros fingíamos estar maquillándonos. El programa se llamaba La Academia, pero eso no fue ninguna academia, porque de una nos pusieron a hacer desnudos”.

Según Esperanza Gómez, en Bogotá le advirtieron que el contrato que firmó era para hacer únicamente ‘topless’.

“La mayoría de las niñas al principio protestamos, pero a la final aceptamos. En el fondo uno sabe que se tiene que denudar completamente. El desnudo no me ha parecido tan traumático porque estoy acostumbrada a desfilar ropa interior y ésta tiende a ser muy transparente. Además estaba con la revista más cotizada del mundo. Así que nos desnudamos...”.

Y fue gracias a empelotes algunas generaciones han descubierto que algunas mujeres tienen una virtud acrobática para mostrar su sexo y que una mujer sueca es un título que va más allá de un simple gentilicio.

Una buena parte de los estudiantes comenzó su vida sexual con fotos de rubias, que venían en revistas que olían a nuevas y que se encaletaban en un viejo atlas para ser rotadas en el salón de clase.

Con cada nueva sesión Esperanza y sus diez colegas, que conformaron el club antinududofia, posaron en mil formas en Buenos Aires, llevando sugestivos trajes que en algunos casos invitaban a la imaginación y en otros la negaban frontalmente.

“Hice fotos explotando la parte sensual más que la erótica. Esa era la intención. Después nos ofrecieron otro contrato para hacer escenas fuertes por dos años en el canal de televisión. Yo no firmé. No quise llegar a ese límite.

De las once niñas, solamente cuatro firmaron. Una cosa es salir desnuda con poses artísticas y otra es rayar en la vulgaridad y ese segundo contrato tiraba más a la vulgaridad”.

Esperanza no le teme a los desnudos, ella es capaz de hacer suyo ese delicado narcisismo de las modelos, el placer de sentirse mirada y la desvergüenza de saberse deseada por gente que no está con ella cuando está desnuda.

Ella está convencida de que un desnudo fotográfico no aspira a ser revelador, como un retrato, ni imponente como un paisaje, un desnudo quiere estimular y seducir; si no lo logra, ha fracasado.

“Todo esto es efímero porque la belleza no te dura toda la vida. Hay que explotar el cuarto de hora que una modelo tiene de vida útil hasta los 30 años”.

Esperanza contó además que el ser modelo atrae como moscas “propuestas malucas”.

“Nunca falta el personaje que te ofrece dinero para tener otro tipo de favores. No todas las modelos en Colombia son prepago. El trabajo de modelo es serio. No me chocan las miradas. Cuando salgo al escenario me transformo... Mi desnudez es única…”.

Eso dijo Esperanza ese sábado en Bucaramanga, convencida de que las mujeres inmortales son pocas, como la eterna Marylin Monroe, de la que un gringo dijo hace varios años que “tenía curvas en lugares donde otras mujeres ni siquiera tenían esos lugares”.

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Publicada por: JUAN CARLOS GUTIÉRREZ
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