Domingo 03 de Agosto de 2014 - 08:16 AM

El puma y el hombre, ¿será posible la convivencia pacífica?

El conflicto que ha generado los ataques de algunos felinos en zonas cálidas y frías de la región podría llevarlos a la extinción. Los campesinos afectados aseguran que no tienen más opción que cazarlos, pues acaban con sus animales y su patrimonio. Lo cierto es que la convivencia entre el hombre y la vida silvestre no es fácil, pero ninguna especie puede extinguir a la otra.

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Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
El puma y el hombre, ¿será posible la convivencia pacífica?
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

El jueves 24 de julio, a las 8:30 de la noche, Juan Sebastián*, un campesino que habita en una parcela de la Vereda La Muzanda, en Rionegro, Santander, escuchó cómo sus vacas de ordeño corrían en estampida.

Con linterna en mano caminó hacia el lugar. La sorpresa fue mayúscula, cuando se encontró de frente con un ‘leoncillo’, como ellos suelen llamar al puma concolor, el “segundo felino más grande de Colombia, después del jaguar”. Estaba devorando a Sandalio, un camuro reproductor (ovino macho) de su finca, que tenía un peso aproximado de 40 kilos y le proporcionaba el sustento para toda la familia.

Con el cuerpo helado y erizado, Juan Sebastián retrocedió en busca de ayuda. Llegó a la casa y le comentó a su sobrino lo acontecido; este, igual de joven, pero avezado cazador nocturno, no dudó un instante en tomar su escopeta e ir a la caza del animal, no sin antes decirle: “ese es el que está acabando con los camuros de esta zona”.

Al poco tiempo se escuchó un disparo. El puma cayó muerto. Los dos hombres lo llevaron hasta la casa. Ambos se cubrieron el cuerpo de sudor trasladando el cadáver del animal, que según cuentan superaba los 80 kilos. Al otro día, colgaron al ‘leoncillo’ de la rama de un árbol para medirlo. Según el campesino, el cuerpo estirado medía 1,75 metros. De acuerdo con los hombres, el animal era “joven, porque aún tenía las güevas pequeñas”. Y continuaron con su explicación: “cuando el ‘leoncillo’ acabara con los camuros, seguiría con los terneros y por qué no, con los potros y yeguas. Nos da mucha lástima tener que matarlos, pero qué hacemos si están atacando nuestros animales que son los que nos dan la subsistencia, con la poca agricultura que podemos realizar”, agregó Juan Sebastián.

De acuerdo con Antenor Mujica, baquiano de esa zona, hace 15 años los  pumas se encontraban por manadas en los que hoy son potreros y cultivos. “Eran selvas vírgenes. Uno los veía caminando con el ganado. Tenían muchas presas pequeñas que cazar, como conejos, chigüiros y zorros. Como la selva se acabó y florecieron las quemas, se espantaron; pero ahora están volviendo y lo más fácil que tienen a la mano para alimentarse son los camuros. Se volvieron un problema, cuando antes era normal avistarlos”, sentenció este hombre.

Dicen los habitantes de San Rafael de Lebrija, zona cálida por demás, que a Doña Hercilia, una campesina que vive en una parcela de 14 hectáreas, días atrás un puma le habría atacado 10 camuros. El felino acabó con la vida de tres y solo ingirió la mitad de uno.

Cuentan Juan Sebastián y su sobrino que la noche en la que le dieron muerte al puma, el animal tuvo la oportunidad de huir, pues duró varios segundos mirándolos. Sin embargo, los dejó llegar muy cerca y no corrió,  pues seguro estaba reposando su cena.

Supervivencia y respeto

¿Es posible la convivencia entre el hombre y los felinos, sin que una especie lleve a la extinción de la otra? En la India, la comunidad agropecuaria Ramdegi, ubicada en el centro de la Reserva de Tigres Tadoba-Andhari, conformada por al menos 200 familias, aceptó mudarse lejos de la frontera con la reserva, dejando 175 hectáreas libres para que fueran habitadas por la biodiversidad de la zona.  como aporte a una convivencia pacífica. Al lugar regresaron bisontes, ciervos, jabalíes y en especial los tigres.

Aumentar la reproducción de tigres fue otra de las estrategias, ya que según estadísticas de ese país, de 100 mil tigres que existían en su territorio el pasado siglo, actualmente se registran 1.700 ejemplares, debido a la caza, la construcción indiscriminada y la ocupación de zonas de reserva.

Para nadie es un secreto que en la zona de bajo Rionegro, como Barrancabermeja, Sabana de Torres, El Carmen, Puerto Wilches y San Alberto, habitan felinos de gran tamaño como el jaguar y el puma. Además, los pocos bosques que quedan son hogar de tigrillos, ocelotes, jaguarundies o gatos colorados (puma pequeño). Lo mismo ocurre en zonas altas como Vetas, California, Suratá, Berlín o Tona, donde las leyendas de los campesinos incluyen alguna historia protagonizada por el ‘león de alta montaña’, que se ha llevado sus ovejas, ganado y gallinas.

La actividad de los felinos ha sido registrada por organizaciones como la Fundación Pantera y Cabildo Verde e investigadores extranjeros, quienes han alertado que la expansión de la frontera agrícola no solo está acabando con cientos de especies y su hábitat, sino que las está llevando a espacios colonizados por el hombre, buscando ingenuamente la muerte.

Si bien es cierto que los labriegos no van a la caza del animal, se sienten impotentes al conocer que el felino les arrebata su único patrimonio. No obstante, la solución tampoco puede ser la muerte de esta especie salvaje y mucho menos, su captura o reubicación. Entonces, ¿qué se debe hacer?

Son una realidad

Luis Felipe Quintero, habitante del corregimiento de San Rafael de Lebrija, comenta que el puma también atacó a una yegua de dos años. La cogió del cuello y la asfixió. Luego se comió sus intestinos. Ocurrió en una finca cercana. “Cuenta el administrador de la finca que la yegua ‘le dio guerra’ al felino, porque la encontró moribunda a las 6:00 de la mañana. Lo más probable fue que la persiguió toda la noche para cazarla”, dice Quintero.

Esta semana, de acuerdo con la Cdmb, un hombre narró al grupo de la Subdirección de Evaluación y Control Ambiental la muerte de nueve corderos y la desaparición de cinco, en una finca de Charta. El campesino culpaba a los cóndores (estas aves no son cazadoras sino carroñeras), pero al investigar los veterinarios de la Cdmb encontraron que habían sido devorados por un animal de grandes colmillos. El veterinario de la Cdmb Felipe Chica asegura que son frecuentes los reportes de muertes de animales por ataques de felinos en Vetas, Matanza, Suratá, Charta, California, Tona y Berlín, lo que indicaría que la población puede ser de mayor número.

“Los pumas cubren distancias de hasta 40 kilómetros en un día. Es imposible que ataque en un municipio y al otro día ataque en otro. Lo más probable es que existan varios y que ataquen en manada. Incluso, al desaparecer los cuerpos, esto indica que a lo mejor hay una madre alimentando cachorros”, dice Chica.

Campesinos de Pinchote han alertado a la Corporación Autónoma de Santander, CAS, de la presencia de una pantera que se desplaza por los cultivos, cazando camuros y gallinas. No obstante, tanto la CAS como la Cdmb resaltan que estos felinos no atacan al hombre, sino que buscan alimento.

EDUCACIÓN

Pese a que la Cdmb insiste en que los campesinos deben mantener sus animales en corrales rodeados de cercas eléctricas, como en el caso de San Rafael de Lebrija, y que no deben sacar a pastear a sus camuros, ovejas y ganado en horas de la tarde, en especial en la zona de Tona y Charta, debido a la presencia de los felinos, los afectados dicen que poco se hace por educar a la comunidad.

“No debemos matar a los animalitos, pero ¿quién nos responde por los camuros que se comen? Nadie. Frente a ellos uno se asusta, pues cree que lo va atacar. Al conocer lo ocurrido en la Mazanda y otras zonas, hablamos con la organización Cabildo Verde, que instaló cámaras para hacerles seguimiento. No sabemos qué ha pasado”, comenta Luis Felipe Quintero, agricultor de San Rafael de Lebrija.

Según Jule Alexis Roa Jaimes, coordinador de Vigilancia de Fauna y Flora ante un ataque debe alertarse a la autoridad ambiental, para estudiar la situación y analizar el cadáver de los animales que quedan. “Con esto se puede establecer qué clase de felino es, si es puma, tigrillo, pantera, jaguar y así adelantar actividades de seguimiento”.

TENER EN CUENTA

El veterinario Felipe Chica señala que sí se ha capacitado a los campesinos, pero aclara que no existe un protocolo a seguir en caso de que el puma aparezca. “Se les ha dicho que el puma caza de noche, no de día, que busca sus animales porque ha perdido su hábitat y que lo mejor es que inviertan en cercas eléctricas. Lo que argumentan en Tona es que no tienen dinero para esto”, comenta Chica.

“Son animales curiosos. Atacan si ven a una especie cuadrúpeda. Si uno se agacha a tirarles una piedra, lo corretean. Los niños pequeños corren peligro, porque están casi a su altura. Lo ideal es protegerlos detrás de los adultos. En dado caso, es mejor mirarlos fijamente y esperar a que se vaya”, dice Chica.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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