Martes 04 de Noviembre de 2014 - 09:42 PM

La delgada línea entre la vida y la muerte

Vanguardia Liberal cuenta las historias de vida de dos santandereanos que estuvieron muy cerca de la muerte. En ambos casos, los protagonistas afirmaron que tuvieron espacios de lucidez durante sus momentos críticos, aunque no se podían mover o comunicarse con la gente que estaba a su alrededor.

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Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL
La delgada línea entre la vida y la muerte
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL)

Cuando Sandra Milena Ayala Carreño despertó en una de las habitaciones de la Fundación Cardiovascular de Colombia (FVC), luego de estar cuatro meses en estado de coma quiso gritar desesperadamente.

Exigía rápidas respuestas sobre qué le había sucedido y dónde estaba.

Al abrir sus ojos, el primer rostro que reconoció fue el de su hermana menor a quien quería formularle mil preguntas, pero los tubos que atravesaban su tráquea no le permitían articular ninguna palabra.

De a poco se fue enterando que estuvo al borde de la muerte en tres ocasiones, en las que los médicos de la FVC tuvieron que reanimarla vía desfribilador y que durante 16 semanas estuvo inconsciente, conectada a muchos aparatos que ayudaban mecánicamente a mantener activas sus principales funciones orgánicas.

La sorprendente historia de esta joven, técnica en secretariado comercial, comenzó en 2010, cuando en su natal San Vicente de Chucurí presentó los síntomas comunes de un dengue clásico: fiebre y malestar general.

En San Vicente, los médicos sólo atinaron a recetarle  acetaminofén para sus males. Sin embargo la salud de Sandra no mejoraba y por el contrario el pecho le ardía, se le hinchó la cara y el desaliento general no la dejaba hacer prácticamente nada.

Pero lo que nunca imaginó Sandra es que su corazón, en verdad afectado por el peligroso mal de chagas, sufría silenciosamente los daños causados por la mortal enfermedad, que es transmitida por el insecto conocido comúnmente como pito.

Afectada por sus dolencias y sin hallar solución a sus males, Sandra decidió buscar ayuda profesional en Bucaramanga. Y fue en la capital santandereana, luego de pasear por varios centros asistenciales, en donde realmente dieron con la razón del resquebrajamiento de su salud.

“El chagas es un parásito microscópico que durante su vida necesita hospedarse en un ser vivo que le provea alimento, y los sitios más indicados para él son el corazón o el intestino humano. Con el paso del tiempo este parásito produce inflamación, que a su vez genexplica el médico especialista en anestesia Leonardo Salazar.  

Sandra, que para ese tiempo tenía 25 años, entró colapsada el 16 de febrero de 2010 a la FVC y seis días después le fue trasplantado un corazón nuevo. Pero antes de la delicada operación, a la sanvicentana le extrajeron su dañado músculo que fue reemplazado durante 48 horas por un ECMO, dispositivo que suple las funciones del corazón y el pulmón.  

Complicaciones posoperatorias la llevaron durante cuatro meses al estado comatoso, tiempo en el cual el sistema neurológico de Sandra siguió funcionando.

“Soñaba mucho, eso lo tengo bien claro. Soñaba que era protagonista de muchos accidentes, incendios y ahogamientos, pero lo más curioso era que me salvaba de todos. Tal vez, internamente me negaba a irme”, cuenta la joven trasplantada, quien recuerda que en una ocasión fantaseó con que se había ganado el premio mayor de la lotería, aunque actualmente ella se rehúsa a comprar este tipo de sorteo.

Durante su ‘sueño’, Sandra pensaba en que su hora no había llegado. No le temía a la muerte, a pesar de tenerla tan cerca, pero sí le asustaba el hecho de quedar convaleciente y postrada en una cama por el resto de su vida.

“Me dolía imaginarme que sería una carga para mi familia, más cuando mi mamá también se vio afectada por el chagas, y fue mi hermana quien cuidó de las dos. Tal vez por eso, la visita de ella a la clínica es la única que tengo muy presente durante mi estado de coma, pero me sentía impotente, porque le quería decir miles de cosas y no podía por mi estado crítico”, recuerda la joven.

Cuando despertó, para Sandra comenzó una nueva vida. Aprendió a valorar cada minuto de su existencia y supo que a pesar de las circunstancias siempre habrá personas dispuestas a darlo todo por nosotros.

“Por eso debemos ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, porque uno un día está bien y al otro está al borde de la muerte. Dios quiso que me quedara más tiempo en la tierra y creo que tengo varias misiones por cumplir”, afirma la joven secretaria.

Después de siete meses, la vida para Sandra Milena Ayala Carreño transcurre en normal tranquilidad. Dieta, pastillas, ejercicio moderado y controles periódicos hacen parte de la agenda diaria de esta mujer a quien le quedó claro que cualquier persona es susceptible de vivir lo que ella vivió.

En vísperas de su matrimonio con el amor de su juventud, esta mujer invita a todos los santandereanos a hacer parte de los programas de donación de órganos, porque ese noble gesto también le puede dar una segunda oportunidad de vida a muchas personas, la misma que ella tuvo.  

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Publicada por: FAUSTO ARCINIEGAS LÓPEZ
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