Jueves 28 de Abril de 2011 - 12:01 AM

La envidia una grieta en el alma

Si usted vive pendiente de las metas que han cumplido los demás, y abona esa conducta con la envidia, su amargura echará raíces.

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Si los perros le ladran, déjelos; esa siempre será una señal de que usted está caminando. La frase describe los continuos alaridos que se escuchan a su paso, cada vez que la gente envidiosa comprueba su crecimiento y su triunfo.
Es cierto: mientras usted avanza en sus metas, hay gente que se la pasa pendiente de atravesársele; sólo para crear cizaña.
De manera desafortunada, a esa persona que se irrita por su éxito se le ve por doquier.
Es muy frecuente verlo en las oficinas de trabajo: si alguien es buen empleado y se esfuerza en lograr determinada tarea, la persona envidiosa aparece para hacerle la vida imposible.
¿Conoce a alguien así?
Es un ser que quiere todo lo que tienen los demás, y se remuerde los labios por no conseguirlo.
Alguien tildó alguna vez a la envidia, como la plaga del Siglo XXI. ¡Y sí! Es un mal que ataca al alma y frena las intenciones de vuelo; las suyas y las de los que lo rodean.
La envidia es la polilla que intenta carcomer la madera ajena.
Un envidioso tiene ojos grandes y lengua  larga. Con ellos mira de una manera muy pálida su propia imagen y, por eso, comienza a ‘ladrar su rabia’ hablando de usted.
El envidioso se ve tan pequeño ante su exitosa figura, que busca por todos los medios achicarlo. Y mientras más envidia siente, más grande es su complejo de inferioridad.
Es una pena que alguien se comporte así; porque cuando se experimenta el sentimiento de la envidia, la inseguridad se pinta en el rostro y sólo se inspira lástima y desprecio.
Razón tienen aquellos que sostienen que si la envidia tuviera color, muchos tendrían las caras pintadas de las más variadas tonalidades.
La envidia es una de las grietas más fuertes que se forman en el alma de una persona.
¿Qué hacer con alguien así?
¡No intente cambiarlo!
Tampoco se deje amilanar.
Mientras usted da un paso al frente, el envidioso retrocede tres.
Quien haya sentido envidia alguna vez, le corresponde examinar su corazón y buscar el motivo por el cual se le olvidó ser feliz. Debe hacerlo en el menor tiempo posible, porque esta enfermedad, como toda plaga, contamina el cuerpo y el alma.
No lo olvide: cuando alguien es envidioso, termina convertido en un amargado y en un resentido; y lo peor es que al final se marchita.

Lo dicen las Sagradas Escrituras
“Porque donde hay envidias, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas”: Santiago 3:16.

Nuestros bloqueos
Las siguientes obsesiones nos bloquean:
Querer ser perfecto: Es la persona que carga con la ilusión de ser la mejor y no tolera errores.
Siempre pretender agradar: Esta persona se olvida de sí misma y vive en función de otros con la neurosis de complacer a todos.
Parecer fuerte: Es ponerse una ‘coraza’, para que no descubran sus debilidades.

Sabía usted que... la palabra envidia procede del vocablo latino ‘invidere’, que significa “mirar con malos ojos”?

Rasgos delatadores
• El envidioso nos atraviesa sus pies para hacernos tropezar y quitarnos nuestra energía.
• Alguien así se construye a sí mismo, pero destruyendo el buen nombre de los demás.
• Es un ser al que se le nota que le toca esforzarse demasiado para admitir las cualidades de los demás.
• Este tipo de gente nunca tiene buena relación con sus compañeros.
• Vive obsesionado por ganar una buena imagen ante las otras personas; y quiere lograrlo a como dé lugar.
• Pasa toda su vida temeroso de perder el ‘fulgor’ de su figura social.
• Convierte todo en un ataque personal.
• No piensa sino en lo suyo y descalifica a los demás.
• Es resentido, vive recordando con disgusto y amargura ofensas pasadas.
• Se dedica a derribar, antes que a construir.
• Profesa la ‘cultura del descontento’ y pretende elevarse al rango de ‘mártir’.

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Publicada por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
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