Jueves 05 de Mayo de 2011 - 12:01 AM

Ejercicio de olvido

La palabra perdón es la más difícil de pronunciar; sin embargo, quien no la sepa practicar, jamás será feliz.

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Perdonar es como dejar a un prisionero en libertad; sólo para descubrir que durante todo el tiempo de condena que vivió esta persona tras las rejas, el real preso era usted.
Esa es la verdad. Cuando no perdona, el que termina ajusticiado es usted.
Si no lo cree, recuerde algún episodio de ofensa contra su vida que le haya costado perdonar.
¿Qué ha pasado? No se necesita ser brujo para entender que el sólo evocar ese momento, le llena el pecho de soberbia.
Cuando alguien hace algo en contra nuestra, muchas veces lo primero que se nos viene a la mente es la forma de vengarnos. Alcanzamos a pensar que esa persona tiene que pagar por lo que nos ha hecho.
Otros no son tan vengativos pero, sí se amargan por lo sucedido cada vez que ven a quien les hizo daño. Aunque no se desquitan, le echan a sus corazones todo el rencor que produce recordar el daño y, al final, terminan aprisionados en la tristeza.
Unos echan todo al olvido, pero a la vez someten a la persona a un singular exilio: los sacan de sus vidas, sin importar lo que venga después: “es como cortar por lo sano”, argumentan.
No sabemos perdonar. Incluso, cada vez que nos corresponde hacerlo nos cuesta un trabajo tremendo. ¡Algunos nunca lo logran!
Más allá de asumir la actitud de no hacer nada contra el que nos ofende o de echar al olvido sus agresiones, primero debemos intentar practicar el más sabio de los ejercicios del alma.
¿En qué consiste?
En recordar sin dolor.
Es decir, cuando alguien nos haga algo malo, no olvidemos lo que nos hizo. Debemos llegar a dominar tanto la situación que podremos recordar el mal hecho sin que nos duela.
Suena complicado, pero desarrollar este singular ‘ejercicio de olvido’ es la clave del perdón.
Seamos sinceros: jamás vamos a olvidar una falta. No obstante, si podemos relacionar el dolor que nos causaron de la mejor forma posible, podremos perdonar y sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.
Es matemática pura: si recordamos sin dolor, al final el resultado será una tranquilidad absoluta. Es como cuando decidimos no prestarles tanta atención a muchas cosas que nos ocurren.
Cuando decidimos llevar sobre nuestros hombros las consecuencias de un disgusto, de una decepción amorosa o de una traición, en últimas nos echamos una carga muy pesada que termina minando nuestro estado de ánimo y espíritu.
¿Somos de los que no logramos deshacernos de las ofensas y las tenemos presentes?
¡Mucho cuidado! Nos podríamos estar aferrando al resentimiento.
¿En verdad queremos dejar ciertos episodios tristes de nuestra vida atrás?
Pues, simplemente necesitamos liberarnos de ataduras y aprender a perdonar.

Saque toda la basura
Si siente que su vida no es más que un tejido de aburrimiento y que la rutina lo ha atrapado en una ‘digestión moral’, empiece a conjugar la máxima de los aseadores que, de una manera breve, reza así: “Basura dentro, basura fuera”.
Se trata de un ejercicio, de por sí muy limpio, que tiene
la particularidad de botar la peor enfermedad que acostumbra a apoderarse del espíritu llamada “pesimismo”.
La terapia propuesta es sencilla: debe tachar la negatividad de su agenda y mandar a la cesta de la basura todo aquello que no lo deja pensar de una manera positiva. Y puede practicarlo en las situaciones que se le presente. Veamos dos ejemplos...
El primero: esa relación que usted tiene y no le produce
ningún tipo de amistad o de cariño, ¡deséchela!
El segundo: esa conversación que no le despierta el mayor grado de confianza, ¡termínela!
Es un ejercicio que, con cierta frecuencia, practica Pedro Acevedo, un reciclador del relleno sanitario El Carrasco de Bucaramanga.
Él, quien siempre se unta de mugre hasta las orejas, sostiene que “por más mugre que caiga en El Carraso, yo no recojo ninguna basura”.
- ¿Y acaso usted no vive del reciclaje?
“Sí, pero en medio de las toneladas de desechos que llegan al basurero, yo lo único que hago es eso: ¡no recoger basura!
- ¿Cómo así?
- “¡Entiéndame! Yo no recojo bolsas sucias. Yo recojo sólo lo que me sirve que, por supuesto, no es basura”.
Lo que hace Pedro es pensar positivamente.
Según sus amigos y compañeros de trabajo, él es quien “más jugo le saca” al basurero.
Un alma fuerte logra maravillas en un cuerpo débil; un pensamiento agradable destruye un momento triste; y una sonrisa oportuna es un remedio preciso para una enfermedad.
Haga el ejercicio con lo que esté haciendo y verá los resultados. Empiece por acercar la cesta de la basura de su oficina o de su cuarto y recuerde esto: “Basura que entre a su vida, basura que sale de inmediato de su agenda”.

Dato valioso
Liberar a los demás de su desprecio tiene virtudes terapéuticas que le hacen sentir bien. A diferencia del odio, que fomenta la depresión, el estrés y el malestar, debilitando su sistema inmunológico; el amor, la tolerancia y la alegría favorecen su bienestar, fortaleciendo sus defensas inmunológicas.

Claves para perdonar
* Saque el enojo de su cuerpo en el momento en el que alguien le haga daño, ¡desahóguese y comience de nuevo!
* No opte por guardar rencores.
* Muchas veces el daño que le han hecho es relativo. Si analiza, en ocasiones, no es tan dramático lo que le hicieron; al menos no es tan grave como para que usted se eche a morir.
* No juzgue ni tampoco se dé duro.
* Asuma el sentimiento y “deje pasar el momento”.
* Tenga una gota de misericordia con la persona que se equivocó con usted; su perdón lo hará cambiar.
*Admita que en el daño que le hicieron, usted tiene parte de la culpa; entre otras cosas, porque permitió que lo ofendieran.
* No haga traumática la reconciliación. Mejor dicho, ¡deje la cantaleta!

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Publicada por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
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