Martes 15 de Marzo de 2011 - 12:01 AM

Preservar la fauna silvestre, un compromiso con la naturaleza

Mantener la vida en el futuro sólo será posible si se protegen los recursos naturales. Algunas regiones en el mundo han comenzado a interiorizar esta premisa, promoviendo la defensa de especies silvestres y contribuyendo a la conservación de las cadenas de ecosistemas.

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Según estudios del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, Colombia ocupa el cuarto lugar en biodiversidad a nivel de especies en el mundo, y la zona andina en la que se encuentra Santander alberga aproximadamente el 40% de ellas.
A pesar de la desaparición de grandes áreas de bosques y selvas nativos en el departamento, aún existen hábitats apropiados para la supervivencia de especies como osos andinos, tigres mariposa, pumas, perezosos, manatíes, tortugas hicoteas, búhos, lechuzas, murciélagos, toches, mirlas, azulejos, pericos verdes y loros. Garantizar la existencia de esta porción de fauna silvestre, depende del compromiso para protegerla que adquieran los seres humanos próximos a sus ecosistemas de origen.
Según Orlando Beltrán, presidente de la asociación defensora de los animales y la naturaleza ‘Adan’, y especialista en derecho ambiental de la Universidad del Externado, existen varias normas en el país dedicadas a velar por la fauna silvestre, entre ellas está el artículo 5 de la Ley 99 de 1993 que asegura la protección de las especies y toma las precauciones necesarias para prevenir su amenaza y extinción; además de esto el proceso sancionatorio ambiental de 2009 establece los correctivos penales para quienes atenten o pongan en riesgo la diversidad e integridad del ambiente.
Infortunadamente los objetivos económicos de algunos ciudadanos y el desconocimiento de las normas establecidas por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial exponen el destino de estas especies animales, condenándolas a vivir en condiciones no aptas para su supervivencia.
Alexander Aguilar, subintendente de la Policía Ambiental del área metropolitana de Bucaramanga, recalca la importancia de no comprar o vender fauna silvestre pues se altera el equilibrio natural de manera irrecuperable. Así mismo destaca la labor conjunta de la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, que desde su centro de rehabilitación brinda las garantías para que los animales rescatados se reintegren a su entorno.
Según Aguilar las especies más traficadas en Bucaramanga son tortugas hicoteas y loros, sin embargo se han encontrado comercializadores de tigrillos y flamingos. El último caso fue el de un oso perezoso traído desde Nariño hasta Santander, el cual no soportó el recorrido y murió por fallas digestivas.
Ante este panorama los organismos encargados de la preservación de fauna silvestre en la ciudad adelantan campañas ambientales en escuelas y colegios, realizan operativos para evitar la entrada o salida de especies del departamento, y adelantan procesos judiciales en contra de los traficantes.
El propósito principal de cada uno de los proyectos regionales que se llevan a cabo es mantener todos los ecosistemas, y evitar la desaparición de especies animales nativas de santuarios de fauna silvestre como Virolín, Yariguíes y la Cuchilla del minero, por mencionar tres de los más sobresalientes.  
Cabe recordar la importancia de analizar con detenimiento lo que significa la preservación de estos espacios naturales, pues no sólo representan una esperanza para la fauna silvestre, también lo son para la vida humana.

En Santander hay varias especies animales que están  en estado de amenaza crítica, es decir, quedan  muy pocos ejemplares. Entre ellas, la perdiz santandereana, la tingua moteada, el pavón moquiamarillo, el pato negro,  la cotorra, el periquito de alas punteadas, el tapir común y el pequeño venado de la especie mazama americana.

Especies de fauna silvestre ya extintas en Colombia:
• Pato zambullidor, cuyos últimos ejemplares fueron vistos  en la laguna de Tota en 1981
• Foca monje del Caribe vista por última vez en San Andrés en 1965
• Pez graso de Tota cuya desaparición se atribuye a la introducción de la trucha Arco Iris.

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Publicada por: ANA KATHERINE TORO
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